
Cada año, en esta época de premios cinematográficos, ocurre siempre lo mismo: unos ganas y otros pierden. Es lógico ¿no? Pero ¿son los ganadores los que deberían ganar?
Está claro que en toda votación (sea popular o no) entran en juego unos factores alternativos a la calidad. Digamos que hay unos parámetros establecidos que los expertos conocen bien y respetan pero ¿cómo se mide la emoción?
Cuando uno ve una película, el estado anímico es algo que influye en tu percepción. Si quizás dejaste escapar a un amor, Los puentes de Madison se te agarrará al estómago; si un familiar cercano padeció alzheimer, Iris, con Judi Dench, puede vaciarte...