domingo, 13 de mayo de 2012

Un lugar donde quedarse (this must be the place)


Primerísimos primeros planos. Unos labios abiertos a los que se le aplica una fina capa de rojo intenso y un lápiz negro colorea el exterior de un ojo que nos descubre un azul sorprendentemente vivo. Todo está demasiado cerca, todo es demasiado íntimo. Entonces aparece un hombre mirandose a un espejo y descubrimos su rostro Gótico, extremadamente pálido y nos asombra su lamento oculto, esa sensación de cotidianeidad. Así de simple y sincero es el cominezo de Un lugar donde quedarse, (This must be the place), el éxito de Paolo Sorrentino que ha conseguido 14 nominaciones en los premios David di Donatello, (Los "Oscars" Italianos) y el premio Jurado Ecuménico en el pasado Festival de Cannes.

Es la historia de una vieja estrella consumida por los vicios, de "un cantante triste que hacía canciones tristes para adolescentes tristes" como él mismo se define en la película y que ahora, ya retirado y con una gran fortuna, se descubre repitiendo los mismos lugares y costumbres. Algo que le consume poco a poco. Y que queda muy bien reflejado en la película en la que el personaje interpretado por Sean Penn se deja llevar por la vida, sin cuestionar nada, sin preocuparse por el presente o futuro. Solo intenta sobrevivir a la pesadilla del pasado, una imágen que aún está muy viva, y que intenta sobrellevar con el peso del hastío. un aburrimiento por la vida que es muy dañino, pues representa la apatía absoluta, la muerte lenta del individuo en vida, algo que finalmente no pasa debido a la evolución del personaje, que poco a poco va a más.

He de reconocer que tenía miedo por Sean Pean. Es uno de los mejores actores de la actualidad y un papel tan peligrosamente atractivo puede acabar con cualquier futuro. No es el caso. Penn no defrauda y logra una conexión especial con el personaje, que sobrepasa la pantalla y se transmite al público, y que nos hace sentir su tedio primero y su energía brillante después, empatizando con él y transmitiendo una gran ternura y sobre todo un gran respeto. Sean Penn sigue siendo el mejor actor de esta década y seguirá siendolo por un tiempo. El resto del reparto está correcto, solo eso, señalando quizás a Eve Hewson, que se enfrenta cara a cara con Penn y logra sobrevivir, que no es poco.
En general la cinta es correcta, con algunos momentos emotivos y dignos de recordar. Momentos en los que se habla de la vida y de nuestro paso por ella, con un guión que siempre se agradece y que personalmente, a  mí  me gusta mucho ver. Quizás sea una película en ocasiones demasiado filosófica, en la que perdemos el hílo de lo que sucede y en la que sobran algunas partes que, aparentemente, no tienen conexión con la historia principal. Aún así, me quedo con ella y la guardo en el archivo. Mis amigos siempre dicen que soy un sentimental...


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