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viernes, 15 de febrero de 2013

Premios Pontecine: Mejor Director




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Llevamos unas semanas hablando de nuestros premios y comentando las categorías principales. Lo cierto es que estamos recibiendo muchos votos y los nominados no pueden estar más igualados. Queda solo una semana y aún puede ganar cualquiera y hoy llega el turno de hablar de los mejores directores





 Es uno de los directores que más críticas ha recibido este año. Algunos críticos piensan que por culpa de esos primeros planos abusivos y esa escasa movilidad en escena ha restado puntos y ha convertido a Los miserables en una cinta mediocre. Yo no estoy de acuerdo, creo que Hooper ha logrado sintetizar y contar una historia que de entrada es bastante compleja y difícil de digerir, la ha contado bien y no ha salido mal parado. Gracias a esos primeros planos, además, hemos conseguido acercarnos más a  los personajes y ha servido en bandeja a Hathaway su primer Oscar en una secuencia que será mítica interpretando el tema I dreamed a dream en uno de los momentos claves del film.


  • PABLO BERGER, BLANCANIEVES
Creo, y si no es verdad corregirme, que es la primera vez que una película muda está nominada a los Goya con bastante posibilidades de ganarlo. Berger ha coseguido lo más difícil todavía, contar una gran historia solo con imágenes y música y transformar una historia que conocíamos de sobra. Una gran película que, me arriesgo pronosticando, será la triunfadora en los Goya de este domingo y que pasará a la historia como una de las mejores películas del cine español.


La película que más premios está cosechando en la carrera hacia los Oscar y en la que, sorprendentemente, no han nominado al Director, un acontecimiento que refuerza la teoría de que este año la mejor película no estará dirgida por el mejor director cosa que, por otro lado, a mí me encanta. Affleck, eso sí, nos llena de tensión en la cinta, sobre todo en la última hora, y nos sienta en la butaca sin dejar que nos movamos con una tensión que casi acaba conmigo. Lástima que quiera seguir siendo actor. Aquí deja bastante que desear.




Es un maestro con la cámara, eso nadie lo duda. A Spielberg le falla la dosis de moralina que inyecta a todas sus películas y que inevitablemente te hace sentir demasiado tonto. Si no fuera por eso, si el guión hubiera sido un poco menos facilón, estaríamos hablando de una obra maestra. En cualquier caso, Lincoln es una gran película dirigida por un gran director, Spielberg nos regala casi cada plano, cada secuencia, excelentemente bien trabajado y con la sensación de que las cosas están bien hechas. A lo mejor tiene suerte en los Oscar, aunque, sinceramente, lo dudo.


Bayona demuestra que es un gran director y que tiene todo muy claro con esta película en la que la ola gigante finalmente parece lo de menos. Un acierto centrarse en los personajes y dejarse llevar por lo que vino después, y no caer en el error de hacer una desaster movie con efectos de última generación en la que no se cuenta nada. Bayona nos regala una película dura y extraordinaria, en la que el sonido es tremendamente atronador y en la que cada imágen nueva nos llena de terror y al mismo tiempo de esperanza ante un milagro. Una de las mejores del año

miércoles, 30 de enero de 2013

La fila 11: Los premiados y los triunfadores

Cada año, en esta época de premios cinematográficos, ocurre siempre lo mismo: unos ganas y otros pierden. Es lógico ¿no? Pero ¿son los ganadores los que deberían ganar?

Está claro que en toda votación (sea popular o no) entran en juego unos factores alternativos a la calidad. Digamos que hay unos parámetros establecidos que los expertos conocen bien y respetan pero ¿cómo se mide la emoción?

Cuando uno ve una película, el estado anímico es algo que influye en tu percepción. Si quizás dejaste escapar a un amor, Los puentes de Madison se te agarrará al estómago; si un familiar cercano padeció alzheimer, Iris, con Judi Dench, puede vaciarte de lágrimas. La emoción es algo tan íntimo que supera toda objetividad, todo parámetro de calidad establecido.

 Después, también, entra en juego a la hora de votar algo tan limpio y tan lícito como es la amistad. ¿Ustedes creen que si mi amigo Antonio participara en una película y yo fuera académico no le votaría? Seguramente sí, le daría mi voto porque es mi amigo y creo en él. Y a quien diga lo contrario le escupo, le piso y le recorto. Por frío.

Y por último entran en juego, quizá, intereses de otro tipo: económicos o incluso políticos. Es una verdad innegable que no me gusta, porque estoy hablando, por supuesto, de hacer arte, y el arte, para mí, poco debería de tener que ver con la economía. Pero Hollywood es una industria del país más capitalista del mundo. Eso es también innegable. 

Fue toda una sorpresa que Argo se impusiera en los Globos de Oro, sobre todo teniendo en cuanta que competía con películas que la superan, digamos, en el plano objetivo y, seguro, en el subjetivo. 

En el momento de escribir esta entrada he visto 5 de las 9 cintas nominadas a los Premios Oscar: Django desencadenado de ohcómomolas Tarantino; Lincoln, de yosísoyelreydelmundo Spielberg; Amour, de venganiñatosaprendedahacercine Haneke; Los miserables, de ahoravasylocascas Hooper y la mencionada Argo, de adiospongoportestigoquedejarédeactuar Affleck.

No sé qué pasará en los Oscars, esta temporada de premios es, hasta donde llega mi memoria, la más intensa e interesante que recuerdo. Sé, eso sí, a quién le daría mi voto y seguramente no ganará, aunque sería todo un canto de amor al buen cine por parte de la Academia. 

Gane quien gane, sea esa película la mejor o no, lo bueno es que el tiempo y la perspectiva pone siempre a cada uno en el lugar que merece ocupar. Con premio o sin premio. Ese es mi consuelo y mi alegría. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La fila 11: La cara y la cruz de 'Argo'


Argo se presenta como una de las grandes apuestas de cara a la temporada de premios (para empezar, ya ha conseguido 5 nominaciones en los Globos de Oro) y seguramente es la consolidación como director de Ben Affleck en la que es su tercera película.

Estamos ante un thriller trepidante desde el principio, y eso es, quizás, lo mejor de Argo: que no da tregua.  Hay que destacar también otras cosas positivas de la película: la ambientación, que es magnífica; hacer que parezca sencillo lo que realmente es muy complejo gracias a la manera en la que se cuentan las cosas en el guión; las interpretaciones son todas correctas –que no brillantes- exceptuando, precisamente, la del propio director, que es también el protagonista y que nunca ha terminado de convencerme como actor. Que alguien le diga a Ben Affleck que deje de actuar de una vez por todas y se dedique a dirigir en exclusiva, que lo hace mucho mejor.

La historia, quizá por inverosímil más real que la ficción, es la de seis diplomáticos estadounidenses que tuvieron que ser rescatados de Irán haciéndose pasar por un equipo de cineastas canadienses en 1979, cuando los seguidores del Ayatolá Jomeini  ocuparon la embajada yanqui para pedir la extradición del Sha de Persia, en uno de los momentos de máxima tensión entre ambos Estados.

Con pequeños toques de humor gracias a los tejemanejes de los productores de Hollywood (dios salve a Alan Arkin), tiene también una parte dramática innecesaria, la de ese padre heroico separado de su hijo. Pero sobre todo tiene tensión, una tensión sincera que es lo que engrandece la película, la que hace que haya un momento en el cine en el que sientas cómo el corazón se acelera, en el que deseas que se acabe o terminarás gritando por no poder aguantar el ritmo. Por eso merece la pena.

Después del visionado, y siendo sincero, os diré que le busqué los “peros” y le encontré tantos que se me amargó el buen sabor de boca. Para empezar, los minutos finales, que amenazan con estropear el conjunto. Un epílogo dulzón que es casi imposible de digerir, incongruente, en ese intento de hacer la película “para todos los gustos”, “para él y para ella” que sólo consigue desprestigiar los productos cinematográficos made in Hollywood. Esta no es una película para comer palomitas, porque con el ritmo del thriller corres el riesgo de atragantarte, pero parece que a Affleck le pesa demasiado la nacionalidad capitalista y parece que al final se vende para vender. Lástima.  

Tampoco terminó de agradarme la visión que se da del pueblo iraní, eterno enemigo de Estados Unidos y que Affleck  expone como si de demonios se tratara, de burdos malvados y salvajes que queman una bandera estadounidense al principio, la misma bandera que ondea reluciente al final, porque los estadounidenses son todos angelitos benevolentes que desean la paz y el desarrollo para todo el mundo. A punto están de sobrevenirme vómitos. Tan carente de matices me parece, de un reduccionismo tal que lo mejor es obviarlo para no echar por tierra una película que merece la pena ver, de verdad, aunque dista bastante de ser la obra maestra que muchos decían que era.

 
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