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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid: el renacer del Western



El renacer del Western



Lo primero de todo, mostrar mi mayor agradecimiento a ésta casa, PonteCine, por permitirme continuar compartiendo con todos desde ésta plataforma unas pequeñas reflexiones sobre el mundo del cine y las series de televisión. Esperemos que éste pequeño cambio de formato que hemos realizado hacia el blogspot nos traiga tantos reconocimientos como en la anterior andadura de la página.
Como podéis adivinar por el mítico cartel de Wanted, me gustaría dedicarle ésta primera actualización de la sección "Desde un pequeño rincón de Madrid" al Western como un género que está más vivo de lo que muchos creen, o al menos más de lo que a muchos les gustaría. Además, se da la paradoja de haber abandonado sus orígenes cinematográficos con aquellas "Asalto y robo de un tren", del año 1903, o la más reciente "El caballo de hierro" del genial Ford, año 1924, para comenzar a asentarse con vocación de permanencia en la televisión. Y es que si alguno se toma la molestia de observar el calendario de series de ésta temporada se encontrará una grata sorpresa, en realidad 5 grandes sorpresas: "Hell on Wheels", "Copper", "Vegas", "Hatfields and McCoys", a las que hay que añadir la ya veterana y muy querida "Justified" (La Ley de Rayland).

Lejos quedan aquellos grandes homenajes propios de un estilo más clásico, en forma del 7º de caballería, en blanco y negro, los bio-pics un tanto panfletarios al estilo "Murieron con las botas puestas", o las misiones imposibles a cargo de nombres como James Stewart, Gregory Peck o John Wayne. Y es que el camino ha sido largo, quizás comenzando más mediáticamente con " La diligencia" de Ford, también con su trilogía de los ríos y del 7º de Caballería, en la que filmó grandes enfrentamientos entre indios y el Ejército USA. Desde aquélla película quedaba claro que las reglas del género iban a circular alrededor de un fresco costumbrista sobre lo que había supuesto el Siglo XIX en el país de las barras y estrellas, pero alejándonos sensiblemente de la Costa Este, civilizada y llena de "pies tiernos". Personajes muy estereotipados, realmente cada protagonista reflejaba una personalidad muy marcada: el galán, la dama en apuros, el bandido, el gañán y el tipo gracioso y entrañable. Era una fórmula bastante sencilla y bien aderezada de increíbles localizaciones, amén de esa obra maestra que es "Centauros del desierto", verdadera clase práctica para todos aquéllos que quieran dedicarse a dirigir o filmar películas en exteriores. Qué se puede decir a estas alturas de la genial "El hombre que mató a Liberty Vallance" película que da un paso adelante en el grado de madurez del género para introducir elementos psicológicos muy interesantes en sus protagonistas, por no decir que da mucho morbo ver a James Stewart y John Wayne compartiendo plano.

Quizás el primer cambio que experimenta el género viene de la mano del Western Crepuscular, paradójicamente imposible de determinar a un nivel cronológico, y resulta paradójico porque siendo crepuscular uno podría decantarse por situarlo en una etapa más contemporánea a nostros, quizás con la obra maestra que es "Sin Perdón" o también la revisión de "Valor de Ley". Lo cierto es que nada más lejos de la realidad, ya que encontramos ésta variante en películas de los años 70 como "Los profesionales", o incluso anteriores como "La legión invencible". Dejando de lado debates técnicos, sub-género que mezcla protagonistas pasados de vueltas, viejos que recuerdan sus andanzas de juventud, a veces al mando de una banda de cuatreros o como héroes que conocieron tiempos mejores, pegados a una botella y a las faldas de mujeres de mal vivir. En general, películas donde abandonamos ese sentimiento nostálgico por el Far West para empezar a acercarnos a sus sombras, literalmente, ya que dejan de ser películas tan luminosas para dejar paso a una sordidez muy cercana al género negro.

Sordidez que se deja ver con toda la fuerza posible en la vertiente Spagueti Western, que sin duda Sergio Leone inauguró desde el desierto de Almería con su trilogía del dólar ("El bueno, el feo y el malo", "Por un puñado de dólares" y  "La muerte tenía un precio"). Enfrentamientos abiertamente salvajes, abandonando la autocensura de épocas anteriores para acoger con los brazos abiertos las salpicaduras de ese jugo de tomate que pasa por ser sangre. Violaciones, asesinatos, y siempre la corrupción de la infancia  de los ninños, son clave para entender ésta vertiente, en la que Leone demostró que un director no americano podía hacer grandes cosas, dándole paso también a actores como un tal Clint Eastwood. La versión norteamericana de ésta especie de Hard Boiled en el Western hay que encontrarla en el maestro Sam Peckinpah y su culminación en "Grupo Salvaje".

Y podríamos recordar otras versiones como el western surrealista, el revisionismo o incluso el western bélico (todo aquéllo que bebe de la Guerra de Secesión), nunca olvidar sus andanzas por televisión (dejando aparte el sensiblero e ideológico Bonanza) con la imprescindible "Deadwood", pero me gustaría recordar algunas palabras que he utilizado en mi explicación anterior: "hard boiled", "negro", todas ellas propias del género policíaco. Y es que, que duda cabe que ambos géneros han caminado de la mano desde allá por 1903 con "Asalto y robo de un tren", por lo cual, no debe extrañarnos que sea también de la mano del género negro por donde haya encontrado el camino para volver con toda la fuerza del mundo. Para ir terminando os dejaré algunas palabras sobre ésta nueva hornada de género:

- Justified, la Ley de Rayland: basada en el personaje de un relato corto de Elmore Leonard (genial escritor de westerns como El tren de las 3,10 y de novela negra) trata sobre la vuelta a casa del marshall Rayland Givens, así como de su enfrentamiento con dos importantes familias mafiosas del condado de Harland. Valor añadido, sin lugar a dudas sus maravillosos personajes. Imprescindible verla en VOS para percibir el acento paleto sureño de sus protas. Se ambienta en el S XXI y se estrenará su 4º temporada, a pesar de que seguimos esperando con ansia la tercera.

- Copper: ha comenzado hace bien poco, y más que un Western se acerca bastante a la idea que Martin Scorsese nos presentó sobre el Nueva York del S XIX en Gangs of New York, incluso se ambienta en el mismo barrio de Five Points. Su personaje, policía corrupto de dicho distrito, se encarga de luchar contra los criminales de la ciudad, incluso contra los que viven en las zonas más ricas de la misma. Se encamina sin dudarlo un segundo al género negro, pero qué duda cabe de las influencias del western en sus personajes, diálogos, escenografía y violencia.

- Hatfields and McCoy: es del que menos puedo contaros porque todavía no he podido valorarlo como se merece. Nos encontramos con dos familias que se odian a muerte, y asistiremos a todos los enfrentamientos que irán sucediendo entre ambas. Kevin Costner enfrentado a Bill Paxton, violencia pura y dura, Western en estado puro, tiene muy buena pinta.

- Hell on Wheels: es la veterana junto a Justified, intentando tomar el relevo de la fallecida Deadwood (insuperable a mi parecer). Cuenta la historia de un soldado sudista que, al terminar la guerra, decide ir en busca de los soldados nordistas que acabaron con la vida de su mujer y su hija. Entre medias, la construcción del ferrocarril en los USA a través de la primera línea férrea que atravesó el continente de Este a Oeste. Muy interesante por el momento histórico en que nos encontramos, sus personajes no tienen nada que envidiar a las anteriores, quizás lo peor de todo ha sido los horarios y cadenas de serie Z en la que se ha venido estrenando en nuestro país.

- Vegas: es posiblemente la que menos influencias tiene del Western de las 5 propuestas, nos encontramos en una primeriza ciudad de Las Vegas, cuando los casinos y grandes hoteles sólo están comenzando a construirse. Con ese panorama parece que esa tierra virgen es una oportunidad de oro para que la mafia campe a sus anchas, pero no contarán con la presencia de un sheriff casi tan duro, violento y corrupto como ellos, Dennis Quaid, y no permitirá que se salgan con la suya tan fácilmente.

Como véis, la oferta es variada, esperemos que nos presenten alternativas más que entretenidas.

miércoles, 27 de junio de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Sobre Black Mirror, o el camino al que nos dirigimos inexorablemente


Imágen Black mirror

Después de unos cuantos días debatiéndome entre estertores de dolor por razones varias, entre lumbares y cólicos nefríticos, me dispongo a escribir la nueva colaboración con PonteCine, pero el tema no anda del todo claro. Por un lado me apetecía charlar un poco sobre las novedades que nos deparará la cartelera de este 2012, con ese Batman crepuscular de Nolan (la última del dúo Nolan-Bale), también la llegada del próximo Superman, sin olvidar por supuesto los regresos de Daniel Craig como 007 o de Ridley Scott a la ciencia ficción en la que se ha venido vendiendo a modo de marketing como una precuela de Alien (algo que su director no ha tardado en desmentir, o por lo menos suavizar un tanto…).
Pero creo que ha llegado la hora de dedicarle unas palabras a la nueva mini-serie dela BBCque nos ha vuelto locos a todos con tan sólo 3 capítulos de 60 minutos. Es, claro, de Black Mirror de lo que estamos hablando, una apuesta bastante atrevida de la cadena que no olvida la calidad técnica aparejada a la originalidad e innovación (lo que ha venido siendo la seña de identidad de los productos BBC por excelencia). Quizás lo primero que debería recomendar a los interesados en ver la serie sea que intenten no contaminarse por todos los medios, amigos, compañeros que ya hayan visto la serie, de modo que se sienten ante le televisión sin saber absolutamente nada de las tramas sobre los 3 capítulos, porque en ese caso el impacto será monumental. Lo que sí puedo prometer y prometo, es que no pienso desvelar ningún spoiler ni argumento de ninguna de las 3 historias.
La cadena inglesa vuelve a demostrar que no se relaja ni un ápice en esta carrera que le ha planteado en los últimos años la HBO para quitarle el trono de la marca líder de las grandes series a nivel mundial, competición a la que se suman tambiénla ACM y en menor medidala FOX. Yes que la televisión británica sigue demostrando estar a la última y nos plantea una idea entretenida e inquietante a partes iguales. Es difícil valorar lo que suponen los tres capítulos, la originalidad de sus planteamientos, sin destripar ningún detalle de la trama, algo que es esencial para el que no haya visto nada ni sepa de qué trata el tema.
Básicamente, en un mundo muy similar al nuestro y a través de tres capítulos independientes, sin ninguna vinculación entre sí, se nos plantea cómo el desarrollo de ciertas tecnologías, muy relacionadas con la privacidad y las perspectivas más cercanas a la dignidad e intimidad de las personas, pueden afectar a nuestras vidas de manera decisiva. La reflexión, que nada tiene que envidiar a grandes del asunto como Asimov o K. Dick, viene a plantear el dilema sobre hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que determinados avances, tecnologías, que no necesariamente deben suplir necesidades esenciales de la sociedad, sino que bien puede referirse a aspectos de puro entretenimiento, como las redes sociales, por ejemplo, entren en nuestras vidas con el riesgo cada vez mayor de una auto-imposición y sometimiento alienante que llegue a implicar unos costes personales aún mayores, incluso perder la vida. Algunos pensarán que los tiros van por la ciencia ficción, especialmente por los autores nombrados anteriormente, paradójicamente nada más alejado de la realidad.
Las historias son sencillas, veraces, en unas sociedades para nada futuristas, más avanzadas en determinados aspectos, cierto, pero absolutamente cercanas a nosotros, lo que ayuda todavía más a que nos sumerjamos por completo en ese draconiano escenario que los chicos de BBC han preparado para nosotros.
Sin miedo a exagerar en ningún momento, Black Mirror es lo mejor que he visto en televisión desde hace muchísimo tiempo, años incluso. No sentía lo mismo desde que hace años me encontrara con series como Los Soprano, El ala oeste dela Casa Blanca, Roma o Deadwood, porque todas ellas coinciden en un factor, una circunstancia transgresora que les hizo presentar una idea completamente distinta a todo lo que se había hecho antes, y marcar las pautas y cientos de copias que saldrían posteriormente intentando repetir el mismo éxito sin siquiera acercarse a ello.
Los Black Mirrors son esas pantallas negras de los ordenadores, de los teléfonos, la televisión, todos esos monitores oscuros que alienan nuestras vidas desde lo profesional o lo personal. Black Mirror es una crítica a los derroteros que política, económica y socialmente está dirigiéndose nuestra sociedad en un tren de alta velocidad, y a la vez es un aviso, una enorme señal de stop de color rojo chillón que nos pide a gritos recapacitar.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Porque puedas encontrarme desde la Laguna, desde Buenos Aires, o desde donde sea…


Pelicula Martin h

Martín Hache es la vida, es la nostalgia, es el reencuentro. Martín es un adolescente que no tiene ni pajolera idea de adónde va ni de dónde viene. Martín es un señor, un señor pero con mayúsculas, de esos que usan un saco y ostentan de laboro, pero en cambio se queda como niño cuando le exigen exigirse a sí mismo. Martín es la huída de la ciudad, es la añoranza. Martín no es una persona, son miles. Martín eres tu. Martín es esa bellísima dama a la que no consigues sacar, ni conseguirán nunca, de esos malditos antros de música punk. Martín somos todos los “tarados”que descubrimos a Borges en la senectud (sí todos igual de celosos de ti Buenos Aires, que todos queremos para nosotros solos, imposible aprender de todo lo malo). Martín es una vida que pasa poco a poco, tan sibilinamente que nunca fuimos conscientes de lo que perdimos en ese acantilado al borde de la locura, el de las rocas escarpadas, al borde de los meteoritos que destruyeron la tierra. Martín es Johnny rehabilitado, porque algún día lo necesitó y descubrió aquél adolescente del que nunca debió desprenderse.
Martín Hache es una película argentino-española de 1997 que me enseñó a vivir de otra forma.
Martín Hache es una película de Adolfo Aristarain, pero son tantísimas cosas que uno se queda corto al intentar resumirlas, porque Martín son tantos personajes, tantas vidas, que uno es incapaz de no verse identificado entre sus estrambóticos personajes.
Porque todos sentimos la necesidad de explotar que Alicia acaba llevando a cabo, porque no nos sentimos queridos. Porque Marina nos abandonó, no nos quiso, se fue con aquél maldito imbécil que pitaba faltas y tarjetas, y jamás la recuperamos. Una vez vino y nos miró mal y no paramos ni una, porque esa es Alicia, ella jamás levantó cabeza, Y tú por supuesto tampoco.
Martín Hache es una sentencia de muerte, es un puñetazo en la boca del estomago, ahí, justo en la entrepierna también, donde más duele, y te dice lo que sientes, pero sin tapujos, te dice lo que hay y ya está. Que ya está bien de esconderse detrás de tonterías, detrás de excusas, detrás de esa timidez congénita, y transgénica también, de esas barcas y traineras que te cruzaban la bahía para reencontrarte con la nostalgia. Una nostalgia ya perdida, de padres que te piden que SEAS o que LEAS o que VIVAS o que HONRES, que les demuestres que SIRVES de algo. Que ya está bien de eso.
Martín Hache son tejados sin ornamentos, son tejados sosísimos, sí oigan sí, de esos tejados que están tan horrible y absolutamente desubicados que dejan huella en uno mismo. Martín Hache son el olor a mar, a humedad, ese olor que en los días de verano se hace insoportable, se te mete entre los huesos y te impide escapar, recordando aquéllos maravillosos días (al son de Joe Cocker por supuesto).
Pero llega un día en que todo cambia, en que Joe Cocker se convirtió en un vejestorio del que casi nadie sabe, en que Loquillo apareció en entrevistas de Libertad Digital, días en que el Nueva Visión cerró sus puertas. Llegaron los días en que reapareció un acantilado al final del camino, con un sendero ineludible plagado de moras azules y amoratadas, al final del cual sólo cabía el abismo.
Esos días en que el camino te dirige hacia la “merca” hacia el dealer de nariz puntiaguda que te pregunta por ti, porque sabe que no podrás negarte mucho más. 37 pastillas y ron, la mezcla que nunca falla.
Todo ello es Martín Hache.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Sobre el suicidio de la posmodernidad urbana en un Hipódromo de Las Vegas



Navegando por la web el mes pasado he podido darme cuenta de algo que no me ha hecho mucha gracia la verdad, y es que creo que en la blogsfera no ha calado del todo bien el mensaje de Shame, o no se ha entendido del todo esta película, recogiendo entradas y comentarios bastante críticos, pero también muy pueriles.
Como sabréis, Shame es una de las películas más señaladas que la hornada del mes pasado nos deparó en las salas de cine, la última peli del irlandés (aunque no lo parezca) Steve McQueen y del actor alemán Michael Fassbender, con la inestimable colaboración de la preciosa Carey Mulligan. A la hora de valorar una película de un modo más o menos objetivo, tengo tres fuentes a las que recurro en primer lugar:
1º. La taquilla: dado el innegable carácter de negocio que tiene la industria del cine, por lo menos la actual, la taquilla es quien decide si una película se convierte en un acierto o en un fracaso, así de simple. Lo cierto es que las cifras de taquilla de Shame, teniendo en cuenta el tipo de película que es, no están nada mal.
2º. La crítica: más especializada en diversos medios, papel y webs, con palabras más que favorables tanto para las dos actuaciones principales de la cinta como para su director.
3º Y por último, pero no por ello menos importante, la comunidad de blogs sobre cine que hay en la web: y es aquí donde me he sorprendido al encontrar bastantes críticas negativas, incluso sarcásticas sobre el bueno de Fassbender o la pobre Mulligan.
La verdad es que no suelo alinearme del todo con ninguna de las tres, pero sirven para hacerme una idea de lo que voy a ver en pantalla, y cuál es mi sorpresa al ver que me siento perfectamente identificado con los dos primeros, mientras que me alejo en exceso del tercero.
Y es que Shame es una película contemplativa, sí, pero para nada tiene un ritmo narrativo lento, porque en una película no siempre se cuentan historias con palabras, a veces su mayor lirismo y dramatismo se encuentran en miradas, en gestos, en actuaciones aparentemente grotescas o sin sentido. Shame es una película de este estilo, es la educación sexual de dos hermanos que queda marcada profundamente por un hecho de la infancia, determinando su desarrollo personal hacia caminos diferentes, pero igualmente dramáticos.
Shame es una oda hacia el cine más sensorial, porque se basa en que el espectador sea cómplice de la cinta a través de lo que percibe en la pantalla por lo que ve y por lo que escucha. No es de extrañar, por tanto, la calidad de sus imágenes como de su banda sonora. Nos regala imágenes para el recuerdo: un sórdido club de citas homosexual, una carrera nocturna por Nueva York con una larguísima secuencia, imágenes de lo más eróticas en el metro de la ciudad, etc. Pero sobre todo, nos regala una historia de inadaptados, de dos hermanos que viven la misma tristeza de forma diferente, posiblemente Carey Mulligan lo explique mucho mejor que yo en esa versión terriblemente deprimente de New York New York.
Esto y nada más es lo que se esconde tras lo más evidente y pueril de la película.
La última parte del artículo se la quiero dedicar a una serie que me ha enamorado, la serie que más cerca ha estado de hacernos sentir algo parecido a lo que vivimos con Los Soprano (con el permiso de Deadwood, hay que ser justos), y que ha sido tristemente cancelada, la producción de Dustin Hoffman y Michael Mann Luck. Nos encontraremos en un hipódromo de Las Vegas, en la piel de corredores de apuestas, ludópatas, mafiosos chinos, e italo-americanos corruptos que también recordarán un poco a la Casino de Scorsese. Y es que si Deadwood era Los Soprano en el Oeste, Juego de Tronos era Los Soprano enla Edad Media y Roma Los Soprano enla Antigüedad, ahora nos encontramos con las mismas relaciones de poder entre caballos.
Tristemente cancelada, al parecer no ha superado las críticas y presiones de diversas asociaciones de animales, que se mostraron contrarias a la continuación de la 2º temporada con motivo del fallecimiento de 3 caballos en accidentes del rodaje. Sin más, habrá que esperar a la próxima colaboración Mann-Hoffman (que no está muy lejana).

miércoles, 22 de febrero de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Resaca post-Goya, una gala sin sorpresas



Pues sí, ya llegaron los galardones de la Academiadel Cine Español, y lo cierto es que si tuviésemos que señalar un titular acerca de la misma, no podría ser otro que el de una “Gala sin sorpresas”. Triunfador incuestionable Enrique Urbizu con su No habrá paz para los malvados con una total y absoluta justicia (sí, le pese a quien le pese Almodóvar se ha quedado por el camino). Mejor director, Mejor película, Mejor Actor, Mejor guión, son algunos de los merecimientos que Enrique ha conseguido con su vuelta al género negro. Y es que la fórmula está ya inventada, una película de género, con un buen guión, una interpretación magistral y una ambientación moderna, por los túneles de la M30, restaurantes Vips y discotecas de último diseño. La confrontación que se produce al introducir a un policía absolutamente desfasado, de épocas oscuras anteriores y no del todo olvidadas, contra una de las grandes amenazas del Siglo XX. Hoy se ha reconocido a uno de los grandísimos directores de este país, al mejor director de género negro vivo. Magistral manejo de la cámara, una visión de la violencia excepcional, realista, creíble, in crescendo. Sólo por Todo por la pasta y La caja 507 merece que su nombre sea grabado a fuego en los cines de este país.
Pero sería injusto quedarnos en una reflexión tan simple, ya que el internacional y algo perdido últimamente Pedro Almodóvar se ha alzado con 4 galardones, de los cuáles es destacable la merecidísima Mejor Actriz Elena Anaya. Grandísima actuación la de la palentina, junto con Marisa Paredes lo mejor de la tan manida La piel que habito.
Posiblemente no tarden en surgir, o a lo mejor ya lo han hecho, las voces clamando contra la Academia, contra Urbizu y ensalzando a Almodóvar, a pesar de seguir en su línea horizontal. Horizontal porque ni sube ni baja, ni se moja ni se cuestiona, ni ahonda ni responde ni reacciona ni nada de nada. Una línea que inició con Los abrazos rotos y de la que no se ha recuperado todavía. Para los que lloramos con Hable con ella, nos emocionamos con La mala educación, nos asombramos con Volver (auténtico peliculón), aplaudimos Qué he hecho yo para merecer esto (probablemente su mejor película) y guardamos como oro en paño Pepi Luci Boom y otras chicas del montón (ahí, entre Carne Trémula y Tacones Lejanos), todavía estamos esperando su vuelta a la pantalla grande, porque desde entonces no se le ha vuelto a ver. ¿Es un gran director? Por supuesto. ¿Es mala película La piel que habito? Nunca. ¿Mereció la mejor película o el mejor director? Claro que sí, como también lo merecían Mateo Gil y Blackthorne o Benito Zambrano y su Voz Dormida.
A esas voces de las que he hablado anteriormente, totalmente respetables, como todas por otro lado, les recomiendo que empiecen un visionado de Todo por la pasta, La caja 507, La novena puerta o La vida mancha y finalmente No habrá paz para los malvados, antes de cometer el gravísimo de error de pretender denostar a uno de los grandes, uno de los siempre injustamente olvidados por no haber logrado caer en las circunstancias y contexto propicios, para defender a un hombre perdido en el desierto que sí logró encontrar esas circunstancias y hechos favorables, en su momento.
Francamente, no me detengo mucho en cuanto a los galardones de Mejor Actor y Actriz porque creo que, en ambos casos, es imposible la discusión.
Y sería mucho más injusto quedarnos en los nombres principales de la noche. Y es que el Blackthorne de Mateo Gil ha visto recompensado su trabajo como no lo fue en taquilla, la prueba palpable de que el “cine español” no es un género en absoluto, como algunos pretenden venderlo, sino que se compone de una amalgama de películas, géneros y tendencias de absoluta riqueza. Cuentan que al estrenar el título en el festival de Tribeka, nuestros compañeros yankees pensaron que la cinta era de uno de sus compatriotas, abriendo los ojos como platos cuando descubrieron que este western era made in spain.
Pero no sólo de westerns vive el hombre, y es que Kike Mahíllo, que también vio recompensado su trabajo con total merecimiento, demostrando con Eva que no sólo se puede hacer ciencia ficción en España, también es de gran calidad técnica y temática.
Buenísimo speech de Santiago Segura, poniendo los puntos sobre las íes, dando algún varapalo que otro totalmente merecido con unas notas de humor. Creo que es de lo más gracioso e inteligente que he escuchado en una Gala de los Goya. También recuerdo a Eva Hache, fantástica en el ritmo de la ceremonia, difícil por el listón de los anteriores. El que esto escribe es un fan incondicional de Luis Tossar, pero hay que aplaudir el rap del Langui, aunque sea, sólo por ver rapear a Juan Diego, Tito Valverde y Antonio Resines. Absolutamente brutal.
Una nota emotiva, un gran y cariñoso recuerdo para Silvia Abascal, emocionadísima y con gran trabajo físico por su parte. Tan solo cabe aplaudir y agachar la cabeza mientras resbala una lágrima por nuestra emocionada mirada.
Como me parece que este comentario se extiende en exceso, tan sólo ratificaré mi agrado y alegría por todas las nominaciones, gran labor dela Academia. Esperemosque nuestro querido Pedro no se mosquee y salga pitando de la Academia de nuevo.

miércoles, 25 de enero de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. La paciencia como virtud, o hacer las cosas bien:



Pensaba iniciar éste artículo hablando sobre la BBC y las series que ha producido en los últimos años, presentándose no sólo como una opción frente a la HBO, sino como la pionera que siempre ha sido para desarrollar telefilmes y series de grandísima calidad. Desde Yo, Claudio hasta las más recientes Presunto Culpable, Luther , Sherlock o la trilogía Red Riding, no han dejado de sacarnos lo colores ante lo que una cadena pública de televisión es capaz de llevar a cabo cuando se dispone a hacer las cosas bien.
Pero anoche me asaltó una reflexión sobre el mundo de las series cuando pude terminar el treceavo y último capítulo de la serie yankee The Chicago Code, buscar información sobre la serie y descubrir que ésta había sido cancelada por Fox, de modo que se quedará en una única temporada. Siempre estamos hablando de las miles de series que salen a la palestra y son canceladas, por diversos motivos, el principal sin duda los niveles de share, de audiencia, pero también por sus pésimas calidades. Otra circunstancia sería la poca paciencia que hay entre las cadenas privadas, como locas siempre por encontrar un A dos metros bajo tierra, Los Soprano, The Wire o Perdidos de turno. Me recuerda a la realidad que vive desde hace 20 años un muy seguido equipo de fútbol madrileño que se ha convertido en una picadora de carne de entrenador y jugadores, incapaz de tener un mínimo de paciencia. De asumir los errores y los fallos en pos de un futuro mejor. La política de hacer las cosas mal, tarde y rápido. Este club es el Chicago Code de las series de televisión.
Ésta serie de la que hablo viene a ser un thriller policíaco desarrollado en la ciudad de Chicago con dos personajes realmente interesantes, que yo pondría en ese Olimpo de Stringer Bells, Tony Soprano, Christopher Moltisante, Jimmy McNulty, Don Draper, etc sin dudar ni un segundo. Nos encontramos con una lucha a muerte con la corrupción de Chicago y la mafia irlandesa que actúa impunemente amparada por el concejal Gibbons (grandísimo Delroy Lindo). Los encargados de pararle los pies son la muy flashdance Jenifer Beals y el genial detective Wysocki (Jason Clark) al que también podremos encontrar en otra de policías convertida en el nombre propio de los últimos años, Brotherhood.
Pues bien: buenas tramas, muy buenas interpretaciones, un final interesante, la posibilidad de continuar desarrollando los personajes con más temporadas, etc, pero la FOX decide cancelarla inexplicablemente en 2011.
Absolutamente indignado, no he podido evitar recordar otro nombre que me dejó chafado al enterarme de su cancelación, la serie de espionaje Rubicón. Otro caso muy similar, una serie con una trama muy interesante, bastante adictiva, con unas buenas interpretaciones y un desarrollo futuro envidiable, es cancelada sin previo aviso ni muchos argumentos razonables. Nos encontramos con una agencia norteamericana que sirve de apoyo a la CIA, FBI, NSA, Pentágono, Defensa, Secretaría de Estado, etc. Vamos, vienen a ser los que cortan el bacalao en el mundo del contraespionaje y el manejo de información en los EEUU. En ese contexto conoceremos a un grupo de excéntricos analistas que se encargan de interpretar e investigar la información referente a posibles objetivos de terrorismo. Entre estos peculiares funcionarios habrá uno que destacará sobre el resto al descubrir una conspiración entre los crucigramas de un periódico, por la cual un grupo de hombres poderosos manejan a su antojo atentados, terroristas y las Bolsas que determinan el precio del petróleo.
Este comienzo bastante prometedor se queda en nada cuando llegamos al doceavo y último capítulo para conocer, sorprendentemente, la cancelación de la serie por AMC, creadora de Mad Men, Breaking Bad o The Walking Dead.
Podríamos seguir citando ejemplos como Los hermanos Donnelly o Studio 60, pero por el bien de mi úlcera creo que estos dos ejemplos son lo suficientemente representativos de la cantidad ingente de títulos que se van por el desagüe a pesar de su grandísima calidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desde un pequeño rincón de Madrid. Unas pequeñas reflexiones:



Cambiando de nuevo el formato de ésta sección, para cerrar esta primera tríada de colaboraciones, en esta nueva ocasión voy a hacer una pequeña recapitulación y reflexión sobre algunas noticias y acontecimientos relacionados con el mundo del cine que se han ido produciendo a lo largo de este gélido, o no tanto, mes.
Para empezar, por fin he terminado de ver la 2º temporada de The Walking Dead, de nuevo con ese tramposo formato de 6 ó 7 capítulos por temporada. ¿Tan difícil es hacer una temporada interesante con 22 o 24 capítulos? Es algo incomprensible para mí, pues de los últimos títulos de los que he disfrutado creo que sólo The Good Wife y Persons of Interest los tienen. Puedo entender que hagas una miniserie “larga” o una serie “corta” a modo de Sherlock (BBC) con 3 capítulos de entre 100 y 110 minutos, pero eso de 6 o 7 capítulos de 40 minutos me parece el mínimo esfuerzo. Supongo que sus motivos tendrán.
Bueno vayamos al “tajo”, sensaciones tras el último capítulo: han conseguido salvar una temporada muy flojita, que no cuenta prácticamente nada, con un último capítulo magnífico. La división en el grupo cada vez es más tangible e insostenible, y es evidente que Shane y la chica rubia de cuyo nombre no puedo acordarme representan cada vez más el mundo que les tocará a todos vivir. Esto es de hecho el gran quid de la serie. Como dije en mi primera entrada de las colaboraciones con Ponte Cine, el creador de los cómics no estaba interesado ni mucho menos en aclarar o explicar los motivos y consecuencias del Holocausto zombie, sino en narrar la convivencia de un pequeño grupo en ese contexto post-apocalíptico. Por tanto, siendo esto así, me parece de un cinismo fuera límites criticar la 2º temporada por una circunstancia clave para justificar lo mucho que se alabó la 1º.
A pesar de esto, el ritmo es muy lento, cada vez cuenta menos cosas y resuelve pocos enigmas, lo que hace que sea pesado su visionado. Como digo, lo más interesante ocurre en el 1º y el último capítulo, el resto sobran. Ya dije que habría que ver como se desarrollaba la tensión y el ritmo en su 2º temporada, y el resultado no puede ser más que un aprobado muy justito para AMC.
Y en realidad es mucho peor que un suspenso, porque han bajado una serie de calidad notable a una más del montón. Lo que era algo distinto y especial en ese universo de zombilandia se ha convertido en un producto vulgar.
Seguimos con otros menesteres, se anuncia el próximo estreno de Misión Imposible IV, nueva entrega de la franquicia apadrinada, y protagonizada, por Tom Cruise, que de nuevo toma las riendas dentro y fuera del plató. En este caso ha decidido entregar la dirección a un conocido de las producciones animadas, Brad Bird, que ya se encargara de Los Increíbles y Ratatouille, por lo que veremos cómo le va con las cintas de acción. Sobra decir que cuando estas líneas vean la luz ya se habrá estrenado en nuestro país, el motivo por el que quería hablar de ella es por el tipo de franquicia que ha supuesto en la pantalla grande: primero demostró allá por el año 1996 que se podían hacer buenos blockbusters, de calidad y muy entretenidos. Segundo, que se podían adaptar decentemente series de éxito de los años 70, como era Misión Imposible por aquél entonces y, por último, configuró un tipo de saga en la que el único elemento que se repite es el agente Ethan Hunt, lo que implica otra cosa….que no puede rodarse una película de este tipo sin la presencia de Tom Cruise delante de las cámaras. Sobra decir que el poder de decisión que tiene Tom a este respecto es de proporciones bíblicas, además de ser el principal productor.
Cambiando de tercio, el pasado fin de semana pude acercarme a los cines Renoir y disfrutar con la genial Carnage, estrenada en España como Un Dios salvaje, la nueva y gran película de Roman Polanski. Adaptación de una obra de teatro, canta muchísimo en varias escenas y en la estructura de la cinta, encontramos encerrados en las mismas 4 paredes a dos matrimonios, padres de dos niños que se han peleado en la escuela, por lo que deciden intentar arreglar el asunto pacíficamente. Sobra decir que según pasan las horas los más bajos instintos del ser humano irán aflorando a la superficie en estos tipos para dejar de lado las buenas maneras y las falsas sonrisas y dar paso a un desenfreno lleno de alcohol y sarcasmo de gran calidad.
La película es una obra maestra o le falta poco para serlo, y el equilibrio que Roman le da estos monstruos de la interpretación es envidiable: Kate Winslate, Jodie Foster, Christoph Waltz y John C. Reilly. Es una hora y media de auténtico buen cine, del que no se ve todos los días, más bien al contrario, brilla por su ausencia.
Por último, no puedo resistirme a comentaros las ganas que tengo de poder sentarme en una butaca y disfrutar con The Artist, esa pequeña joya francesa que viene en blanco y negro y sin sonido. Una muy querida amiga “belga” me ha conminado a verla ocurra lo que ocurra, y la verdad que del tráiler que pude ver tiene pinta de ser LA película del año. Una vuelta a los orígenes, a donde todo empezó, con un homenaje al GRAN cine de Hollywood, desde Cantando bajo la lluvia a El Crepúsculo de los dioses, pasando por Vértigo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Desde un pequeño rincón de Madrid. El renacer de los muertos en el Far West






Si el mes pasado decía que quería “huir” un poco de los géneros propios de mi blog para no saturarme tanto la cabeza, en esta entrada voy a contradecirme totalmente, la primera de muchas contradicciones que posiblemente haga con un descaro cercano al del Mark Zuckerberg de la oscarizada Red Social.
Y es que hoy nos adentraremos en unos terrenos un tanto pantanosos que se sitúan en el contexto general del Western, género típicamente norteamericano con permiso de películas como Blackthorne o del Spaghetti Western. Si bien, es cierto que hablaremos del western, no es menos cierto que no lo haremos al uso clásico del género, sino en una variante que ha surgido hace bastante poco. Sin darle más vueltas, quería dedicar este mes a la exitosa serie The Walking Dead, con motivo del cercano estreno de su 2º temporada (posiblemente cuando éstas palabras salgan a la luz ya se haya estrenado en España).
Y es que podremos disfrutar viendo como el mundo se dirige inexorablemente hacia el Apocalipsis de la mano de un peligroso virus que hace levantarse a los muertos de sus tumbas con mala leche y muy hambrientos.
Posiblemente el espectador no iniciado en la serie pensará al ver el tráiler “ya está, otra de zombies”, y no le falta razón pues parece que el género de los muertos vivientes ha estallado en la última década de una forma bastante asombrosa. Películas como El amanecer de los muertos, giros de tuerca que intentan explicar el asunto de un modo científico como 28 días después o 28 semanas después, e incluso con un toque más cómico como la divertidísima Zombies Party, se han encargado de darle caña a los “caminantes”. También podemos enorgullecernos de nuestro cine patrio de la mano de Jaume Balagueró y el señor Plaza con la saga REC (que por cierto tiene en el horno una tercera parte y una precuela).
Aunque en lo que a historias con zombies se refiere no podemos olvidarnos del más grande, el jefe, el inigualable George A. Romero, y su genial La noche de los muertos vivientes. Con un blanco y negro estupendo para la historia, un puntito gore y unos planos absolutamente terroríficos como aquella niña que roe paulatinamente los huesos de su madre.
La serie viene a ser la adaptación de un cómic que cuenta con 14 volúmenes y 84 capítulos escrito por Robert Kirkman e ideado sobre la base de los postulados que asentó Romero con su película, sus zombies se basan en los mismos diseños que se utilizaron para su película. Quien esto escribe no los ha leído, pero entendidos en la materia me dicen que los cómics son bastante mejores que la serie. De hecho, las motivaciones de Kirkman no pasan por explicar cómo se ha llegado o producido el Apocalipsis zombie, mientras que en la serie vemos recurrentes flashbacks que nos van desvelando un poquito más de la catástrofe.
Los actores, en general, no son muy conocidos, lo cual ayuda bastante para no encasillar ningún personaje, evitando prejuicios innecesarios. Y el punto fuerte de la historia se sitúa básicamente en la convivencia que se hace imperativa entre unos pocos supervivientes, con los roces y conflictos que ello supone. Realmente vienen a trasladarse los problemas que pueden surgir entre un núcleo pequeño de gente encerrados en un espacio cerrado a una situación post-apocalíptica con zombies. La diferencia es que el espacio cerrado ahora será la Tierra, y la claustrofobia viene determinada por el hecho de ser, aparentemente, los únicos supervivientes rodeados por hordas de zombies.
Decía que estamos ante un nuevo género de western porque utiliza muchas de sus claves: quizás la más llamativa sea el enfrentamiento entre la ley civil y la ley natural, pues se llega a un contexto en el que ninguna de las reglas sociales ni acuerdos alcanzados en sociedad valen ya. Sólo vale sobrevivir en un contexto absolutamente hostil. La estética recuerda también con esos paisajes naturales, grandes angulares y el protagonista que quiere encontrar a su familia con un revólver colt como herramienta de trabajo.
Aunque es una serie que llega en el momento justo para aprovechar una historia de zombies, en un pequeño parón de ese aluvión que hemos sufrido en el género, veremos cómo se desarrollan las temporadas. Ese tramposo formato de 6 capítulos por temporada, habrá que estar atentos al desarrollo de la historia y las dosis de tensión que nos darán. De momento sólo cabe felicitar a AMC y esperar a que se desarrollen los acontecimientos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Desde un pequeño rincón de Madrid


“ El cielo, el infierno y el mundo están en nosotros. El hombre es un abismo ”

Para Bubú….



Hace unas semanas recibí un mail de Antonio preguntándome sobre la posibilidad de colaborar en este magnífico blog, escribiendo una crítica, reseña, comentario o sección a mi elección relacionada con el cine. La idea me entusiasmó y le contesté que sería un honor hacerlo.
Por este motivo supongo que pasaremos juntos unas cuantas horas, por lo menos una vez al mes. ¿Podré estar a la altura del reto y el contenido? Sólo el tiempo nos lo dirá, por lo que vamos a ello.
En mi blog suelo estar encorsetado en tres géneros: el western, el negro y el bélico, por lo que es muy posible que ésta nueva aventura me sirva como una pequeña terapia para desconectar un poco de las “obligaciones” y poder adentrarnos en otros géneros distintos, ello sin perjuicio de que reflexionemos sobre otros aspectos que rodean al 7º arte.
Para empezar, me gustaría mucho que comentásemos algo al respecto de John Carpenter, con motivo del remake que se ha estrenado estos días en la cartelera de su mítica película The thing (estrenada en España como La Cosa).
Como decía, la película original fue dirigida por John Carpenter en el año 1982 e interpretada por su actor fetiche Kurt Russell (que también protagonizaría 1997: Rescate en Nueva York y su secuela Rescate en Los Angeles, Golpe en la pequeña China, etc) y en la que veremos las pautas en las que transcurre su cine: por un lado hace películas muy modernas y muy actuales, mientras que por otro se acoge a un suspense muy cercano al thriller. De hecho veréis que en los géneros de terror, thriller y extraterrestres es el padre de absolutamente todo lo que vendría después (incluso hoy en día continúan sus enseñanzas para relanzar sagas olvidadas).
Por ese motivo me sabe muy mal que Carpenter sea el gran olvidado de una generación de directores norteamericanos que pusieron el cine made in USA en la cresta de la ola, el caso que nos ocupa lo hizo desde circuitos de serie B y secundarios. Pero en un momento en que esos circuitos podían ser totalmente cercanos a nosotros.
La película Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) fue la que le empezó a situar como un escritor interesante en Hollywood, y donde empezó a desarrollar el gusto por la claustrofóbica sensación de ser perseguido, por alguien o algo con tintes sobrenaturales, y la necesidad de defenderse a modo de Álamo. Ésta película sería objeto de un remake muchos años después, no es una mala versión pero la original es fantástica. Posiblemente el problema del remake es que prescinde de esos tintes sobrenaturales para darle una explicación totalmente lógica a la cinta, lo que rompe con uno de los principios de Carpenter, que no son otra cosa que la marca personal que diferencia a este director de otros.
Su siguiente película fue Halloween, nada más y nada menos, dando origen a toda una saga de asesinos en serie “inmortales” (todos los Freddys, Jason, Ghostface, etc nacen de éste Michael Myers que se sacó de la manga Carpenter) y que aún hoy día siguen de completa actualidad, ya que es un género que no muere nunca, al contrario, revitalizan sus sagas casi año a año.
Posteriormente dirigirá La Niebla, que viene a ser un cuento de terror al estilo de los cuentos infantiles, con unos efectos especiales alucinantes. Esa es otra característica del cine de Carpenter, utiliza efectos especiales muy creíbles, da la sensación que podemos tocar sus abominaciones. El siguiente proyecto sería 1997 Rescate en Nueva York, y hasta aquí vendría a resultar un período de aprendizaje que culminaría en La Cosa.
Todas las películas de las que he hablado están consideradas mitos, películas de culto por toda la cinefilia, pero es que luego tenemos auténticas obras de arte como el remake de El pueblo de los malditos, Golpe en la pequeña China o Vampiros, que vienen a certificar ese gusto por lo sobrenatural en un contexto racional.
John Carpenter inventó las reglas de numerosos géneros de circuitos secundarios, por lo que además de ser tan moderno es un auténtico clásico. Se ha convertido en un clásico a imitar: según las informaciones que tengo se están preparando más secuelas de obras “Carpenter”, especialmente de Están vivos y Rescate en Nueva York.
Con esta primera entrada quiero rendir un pequeño homenaje al rey del terror, del suspense, del cine de ciencia ficción, y podría seguir citando géneros y no acabar nunca con este auténtico maestro.

 
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