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lunes, 20 de mayo de 2013

El gran Gatsby, de Baz Luhrmann



Puro espectáculo y entretenimiento visual que entra por los ojos y te llena el alma. Así calificaría la nueva cinta de Luhrmann que vuelve a esos colores, escenarios imposibles y lugares extraordinarios que tanto caracterizan a su cine. Ha tenido muchas críticas a su paso por el Festival de Cannes pero no sorprende, no es un director para todos los públicos. Sin ir más lejos, fui con un grupo de amigos y una de ellos salió completamente decepcionada de la sala. No tiene guión, me decía pero es que Luhrmann no es un director que fabrique guiones: es un director que filma sueños, los convierte en realidad y te los muestra con una pasión y entrega que es imposible no rendirse ante la belleza que se imagina, la metáfora creada y el resultado visual tan mágico. Su universo es tan impresionante e increíble que te abandonas a la historia, no puedes más que dejarte llevar y disfrutar de la experiencia visual que tienes frente a la pantalla, de color verde esta vez, de un verde esperanza para Gatsby. Y solo para el.

Es cierto que falla en el guión, quizás por respetar el hilo argumental del clásico interpretado por Robert Redford y que esos giros finales a los que nos tiene acostumbrados, (tal como ocurría en la genial Mouline Rouge), en este caso no se dan  provocan que la historia sea algo previsible y es cierto también que el hilo argumental se antoja algo pesado debido, creo, al recurso fácil de la Voz en Off, (me hubiera encantado ver la historia sin ser tan narrada) pero aunque la mitad de la película se torne densa y en ocasiones decaiga, desde la secuencia de la reunión en el hotel, que para mí es de las mejores que he visto en mi vida, (y lo siento si creo falsas expectativas) hasta el final, la historia se hace grande y arregla toda la cinta. Y la música, esa mezcla de antiguo y moderno que me fascinó en Mouline rouge y que vuelve a fascinarme ahgora. Todo eso unido a las grandes interpretaciones de Tobey Maguire, (sorprendente para mí), Carey Mulligan, que borda este papel y que me encanta porque creo que no hay actriz mejor que ella para transmitir con una mirada toda la tristeza que puede esconder dentro y, sobre todo,  Leonardo Di Caprio, cada vez mejor actor y cada vez mas candidato serio a ganar un Oscar hacen de El gran Gatsby una cinta irrepetible y mágica.

Hay quien prefiere otro tipo de películas, más elegantes y clásicas, menos exageradas y menos bellas visualmente pero yo, al igual que decía el gran Alex de la Iglesia en su twitter: "prefiero los fuegos artificiales al calor templado de un aburrimiento comedido y perfecto". No tengo más que añadir. Baz Luhrmann: nunca dejes de hacer cine.




miércoles, 28 de marzo de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Sobre el suicidio de la posmodernidad urbana en un Hipódromo de Las Vegas



Navegando por la web el mes pasado he podido darme cuenta de algo que no me ha hecho mucha gracia la verdad, y es que creo que en la blogsfera no ha calado del todo bien el mensaje de Shame, o no se ha entendido del todo esta película, recogiendo entradas y comentarios bastante críticos, pero también muy pueriles.
Como sabréis, Shame es una de las películas más señaladas que la hornada del mes pasado nos deparó en las salas de cine, la última peli del irlandés (aunque no lo parezca) Steve McQueen y del actor alemán Michael Fassbender, con la inestimable colaboración de la preciosa Carey Mulligan. A la hora de valorar una película de un modo más o menos objetivo, tengo tres fuentes a las que recurro en primer lugar:
1º. La taquilla: dado el innegable carácter de negocio que tiene la industria del cine, por lo menos la actual, la taquilla es quien decide si una película se convierte en un acierto o en un fracaso, así de simple. Lo cierto es que las cifras de taquilla de Shame, teniendo en cuenta el tipo de película que es, no están nada mal.
2º. La crítica: más especializada en diversos medios, papel y webs, con palabras más que favorables tanto para las dos actuaciones principales de la cinta como para su director.
3º Y por último, pero no por ello menos importante, la comunidad de blogs sobre cine que hay en la web: y es aquí donde me he sorprendido al encontrar bastantes críticas negativas, incluso sarcásticas sobre el bueno de Fassbender o la pobre Mulligan.
La verdad es que no suelo alinearme del todo con ninguna de las tres, pero sirven para hacerme una idea de lo que voy a ver en pantalla, y cuál es mi sorpresa al ver que me siento perfectamente identificado con los dos primeros, mientras que me alejo en exceso del tercero.
Y es que Shame es una película contemplativa, sí, pero para nada tiene un ritmo narrativo lento, porque en una película no siempre se cuentan historias con palabras, a veces su mayor lirismo y dramatismo se encuentran en miradas, en gestos, en actuaciones aparentemente grotescas o sin sentido. Shame es una película de este estilo, es la educación sexual de dos hermanos que queda marcada profundamente por un hecho de la infancia, determinando su desarrollo personal hacia caminos diferentes, pero igualmente dramáticos.
Shame es una oda hacia el cine más sensorial, porque se basa en que el espectador sea cómplice de la cinta a través de lo que percibe en la pantalla por lo que ve y por lo que escucha. No es de extrañar, por tanto, la calidad de sus imágenes como de su banda sonora. Nos regala imágenes para el recuerdo: un sórdido club de citas homosexual, una carrera nocturna por Nueva York con una larguísima secuencia, imágenes de lo más eróticas en el metro de la ciudad, etc. Pero sobre todo, nos regala una historia de inadaptados, de dos hermanos que viven la misma tristeza de forma diferente, posiblemente Carey Mulligan lo explique mucho mejor que yo en esa versión terriblemente deprimente de New York New York.
Esto y nada más es lo que se esconde tras lo más evidente y pueril de la película.
La última parte del artículo se la quiero dedicar a una serie que me ha enamorado, la serie que más cerca ha estado de hacernos sentir algo parecido a lo que vivimos con Los Soprano (con el permiso de Deadwood, hay que ser justos), y que ha sido tristemente cancelada, la producción de Dustin Hoffman y Michael Mann Luck. Nos encontraremos en un hipódromo de Las Vegas, en la piel de corredores de apuestas, ludópatas, mafiosos chinos, e italo-americanos corruptos que también recordarán un poco a la Casino de Scorsese. Y es que si Deadwood era Los Soprano en el Oeste, Juego de Tronos era Los Soprano enla Edad Media y Roma Los Soprano enla Antigüedad, ahora nos encontramos con las mismas relaciones de poder entre caballos.
Tristemente cancelada, al parecer no ha superado las críticas y presiones de diversas asociaciones de animales, que se mostraron contrarias a la continuación de la 2º temporada con motivo del fallecimiento de 3 caballos en accidentes del rodaje. Sin más, habrá que esperar a la próxima colaboración Mann-Hoffman (que no está muy lejana).

 
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