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miércoles, 24 de octubre de 2012

La fila 11: El cine termina brillando


El cine siempre termina brillando. Esto es lo que he pensado después de ver que entre las candidatas a las Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid, uno de los festivales con más solera de Europa, se encuentra la nueva y esperadísima película de Jacques Audiard, De óxido y hueso, protagonizada por Marion Cotillard, una de las mejores actrices del panorama interpretativo actual.

Termina brillando a pesar de la crítica que hizo –con razón- la Asociación de la Prensa de Madrid a los organizadores que han establecido un canon de treinta euros a los periodistas por acreditarse. Pagar por informar es un ataque a los principios del periodismo y merma el derecho a la libre información.  

Y termina brillando aunque este festival de cine parece que se ha rendido con servilismo ante el peor ministro de educación y cultura que ha tenido este país desde que se acabara la dictadura de Franco. José Ignacio Wert es la cara de este desgobierno que ha incrementado el IVA para los productos culturales como el cine a niveles en los que no está en ningún país de Europa, hasta el 21%, como si la cultura fuera un artículo de lujo o un entretenimiento liviano, obviando los bienes sociales e incluso económicos que una sana industria del cine aporta a un país. Pero es que este país, esta triste España mía, no goza de buena salud.  Aunque hay gente, cada día más, que se niega a formar parte de esa mayoría silenciosa y ciega. Por fortuna, la verdad. Entre esa gente que se niega a ir por el camino establecido había el sábado, el día que se inauguró la Seminci, unas quinientas personas que abucheaban y pedían a voz en grito y cacerola en mano la dimisión de este personaje tenebroso que es el ministro de la wertgüenza.  ¿Y qué ocurrió? Que había un grupo de mariachis para intentar acallar esas protestas. Para que lo que no gusta no suene. Debería haber habido, en vez de mariachis mexicanos (que ya tiene guasa) un grupo de personas tocando la pandereta, que hubiera sido más acorde a la patética situación.

Este Festival es uno de los más comprometidos con el cine de autor, con el cine social, un cine más pequeño alejado de los grandes taquillazos que acostumbra a tratar temas más peliagudos, a dar voz a minorías, o a plantear problemas reales de esta Europa decadente. Los organizadores han visto como tenían que recortar su presupuesto de 3,5 millones de euros de 2009 a dos millones en la presente edición. Por eso, deberían haberse negado a que el ministro de cultura pisara una alfombra roja que no merece. Por eso, en vez de intentar acallar las voces de los que pedían su dimisión, tendrían que haberles puesto altavoces.  Porque la cultura no se vende.

Menos mal que el cine, el buen cine, termina brillando.


miércoles, 4 de julio de 2012

La fila 11: Cortometrajes, esas pequeñas joyas del cine



Hoy, en La Fila 11, hablamos de cortometrajes. De esas películas que tan difícil lo tienen para ser proyectadas en la pantalla grande, cuando estoy seguro de que muchos espectadores preferirían ver un corto antes que los trailers.
Los tiempos han cambiado. Recuerdo que cuando era pequeñito e iba a los Cines Iviasa de Móstoles y pagaba mi entrada a 350 pesetas un tráiler en sí mismo formaba parte del entretenimiento. Me encantaban. La sensación que me dejaban era la de que quería ver las cuatro o cinco películas que se estaban anunciando. Y es que en esos tiempos no existía YouTube y no podíamos verlos más que en las salas. En algún anuncio de televisión también, pero en versión reducida.
Pero llegó la globalización con sus ventajas, y actualmente podemos ver esos avances de las películas incluso antes de que se traduzcan al castellano, el primer día en que se hacen públicos ya están en la web. Por eso, acudir a una sala de cine y ver 10 o 15 minutos de anuncios –porque un tráiler es un anuncio, claro está- supone para mí, y para muchos, ver algo que ya hemos visto con anterioridad. Por no hablar de esos montajes de 3 minutos llenos de spoilers y que cuentan tanto sobre el argumento de la película que la sensación que dejan en el espectador es la de haber visto el filme completo. Totalmente contraproducente, ¿no creen?
Por este motivo considero sinceramente que las distribuidoras deberían replantearse este sistema y pensar en incluir un cortometraje antes de la proyección del largo. Sería una manera de darle visibilidad a algunos proyectos muy interesantes que se quedan en el limbo de las películas perdidas. Con los cortos se apoya no sólo al cine en general, sino a nuevos directores y nuevos intérpretes, convirtiéndose en una preparación para el salto al largometraje. Algunos cortos, es cierto, no consiguen destacar de esa inmensa mediocridad que a veces padecen las artes, pero otras, en cambio, son de una factura técnica impecable, con guiones maravillosos y capaces de conectar con el espectador, despertar sus emociones. Y es una auténtica lástima que fuera del circuito de festivales especializados tengan tan poca transcendencia.
Hace unos días tuve la suerte de poder asistir a una ponencia sobre la Comunicaciónen las ONG’s en la que, además de ver diferentes campañas que invitaban a la reflexión sobre el uso de las fotografías en los medios de comunicación y en los anuncios publicitarios, pudimos visionar el cortometraje One hundredth of a second, que se puede encontrar fácilmente en la web porque tiene ya algún tiempo. Un cortometraje que consigue impactar al espectador de manera brutal. Una invitación profunda a la reflexión sobre lo que es noticiable y lo que es digno. Una encrucijada entre la acción personal y profesional. Y todo esto en poco más de cuatro minutos. Os lo recomiendo. Este es sólo un ejemplo de la calidad de las ideas que a veces pasan desapercibidas para el gran público. Este es sólo un ejemplo de un proyecto que tengo que conformarme con ver en la pantalla de mi ordenador, cuando en la pantalla gigante de un cine, con el sonido y la calidad visual, sería todo un lujo.


miércoles, 27 de junio de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Sobre Black Mirror, o el camino al que nos dirigimos inexorablemente


Imágen Black mirror

Después de unos cuantos días debatiéndome entre estertores de dolor por razones varias, entre lumbares y cólicos nefríticos, me dispongo a escribir la nueva colaboración con PonteCine, pero el tema no anda del todo claro. Por un lado me apetecía charlar un poco sobre las novedades que nos deparará la cartelera de este 2012, con ese Batman crepuscular de Nolan (la última del dúo Nolan-Bale), también la llegada del próximo Superman, sin olvidar por supuesto los regresos de Daniel Craig como 007 o de Ridley Scott a la ciencia ficción en la que se ha venido vendiendo a modo de marketing como una precuela de Alien (algo que su director no ha tardado en desmentir, o por lo menos suavizar un tanto…).
Pero creo que ha llegado la hora de dedicarle unas palabras a la nueva mini-serie dela BBCque nos ha vuelto locos a todos con tan sólo 3 capítulos de 60 minutos. Es, claro, de Black Mirror de lo que estamos hablando, una apuesta bastante atrevida de la cadena que no olvida la calidad técnica aparejada a la originalidad e innovación (lo que ha venido siendo la seña de identidad de los productos BBC por excelencia). Quizás lo primero que debería recomendar a los interesados en ver la serie sea que intenten no contaminarse por todos los medios, amigos, compañeros que ya hayan visto la serie, de modo que se sienten ante le televisión sin saber absolutamente nada de las tramas sobre los 3 capítulos, porque en ese caso el impacto será monumental. Lo que sí puedo prometer y prometo, es que no pienso desvelar ningún spoiler ni argumento de ninguna de las 3 historias.
La cadena inglesa vuelve a demostrar que no se relaja ni un ápice en esta carrera que le ha planteado en los últimos años la HBO para quitarle el trono de la marca líder de las grandes series a nivel mundial, competición a la que se suman tambiénla ACM y en menor medidala FOX. Yes que la televisión británica sigue demostrando estar a la última y nos plantea una idea entretenida e inquietante a partes iguales. Es difícil valorar lo que suponen los tres capítulos, la originalidad de sus planteamientos, sin destripar ningún detalle de la trama, algo que es esencial para el que no haya visto nada ni sepa de qué trata el tema.
Básicamente, en un mundo muy similar al nuestro y a través de tres capítulos independientes, sin ninguna vinculación entre sí, se nos plantea cómo el desarrollo de ciertas tecnologías, muy relacionadas con la privacidad y las perspectivas más cercanas a la dignidad e intimidad de las personas, pueden afectar a nuestras vidas de manera decisiva. La reflexión, que nada tiene que envidiar a grandes del asunto como Asimov o K. Dick, viene a plantear el dilema sobre hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que determinados avances, tecnologías, que no necesariamente deben suplir necesidades esenciales de la sociedad, sino que bien puede referirse a aspectos de puro entretenimiento, como las redes sociales, por ejemplo, entren en nuestras vidas con el riesgo cada vez mayor de una auto-imposición y sometimiento alienante que llegue a implicar unos costes personales aún mayores, incluso perder la vida. Algunos pensarán que los tiros van por la ciencia ficción, especialmente por los autores nombrados anteriormente, paradójicamente nada más alejado de la realidad.
Las historias son sencillas, veraces, en unas sociedades para nada futuristas, más avanzadas en determinados aspectos, cierto, pero absolutamente cercanas a nosotros, lo que ayuda todavía más a que nos sumerjamos por completo en ese draconiano escenario que los chicos de BBC han preparado para nosotros.
Sin miedo a exagerar en ningún momento, Black Mirror es lo mejor que he visto en televisión desde hace muchísimo tiempo, años incluso. No sentía lo mismo desde que hace años me encontrara con series como Los Soprano, El ala oeste dela Casa Blanca, Roma o Deadwood, porque todas ellas coinciden en un factor, una circunstancia transgresora que les hizo presentar una idea completamente distinta a todo lo que se había hecho antes, y marcar las pautas y cientos de copias que saldrían posteriormente intentando repetir el mismo éxito sin siquiera acercarse a ello.
Los Black Mirrors son esas pantallas negras de los ordenadores, de los teléfonos, la televisión, todos esos monitores oscuros que alienan nuestras vidas desde lo profesional o lo personal. Black Mirror es una crítica a los derroteros que política, económica y socialmente está dirigiéndose nuestra sociedad en un tren de alta velocidad, y a la vez es un aviso, una enorme señal de stop de color rojo chillón que nos pide a gritos recapacitar.

viernes, 8 de junio de 2012

La fila 11: Crítica de Por fin solos



Tengo la impresión de que la prensa especializada estaba ilusionada con el regreso de Lawrence Kasdan, que dirigió grandes películas en los años 80 y 90, pero que, con su anterior producción, El cazador de sueños, allá por 2003, lo único que consiguió fue un aluvión de críticas negativas. No logro entender el porqué de esa ilusión, si con un póster y un título tal (en inglés: Darling companion) ya me imaginaba yo que la película no sería más que otra comedia para olvidar. Ni tan siquiera Diane Keaton y Kevin Kline, dios les perdone, consiguen elevar el filme, un buen ejemplo del vano esfuerzo por entretener y el fracaso a la hora de hacer reír.
película por fín solos
La película comienza cuando Beth (Keaton) y su hija rescatan a un lindo animal -perro- herido en la carretera con temperaturas muy frías. La hija se casa -previsiblemente- con el veterinario y poco después de la boda, el papá (Kline) -que en un principio no quería a Freeway (así se llama la mascota, al menos en la versión original) aunque después le coge cariño- le pierde (o se escapa, puntualicemos, el muy “hijo de mala perra”) lo que hace que el matrimonio, junto con sus cuñados (Dianne Wiest y Richard Jenkins) y su sobrino -y una empleada del hogar que resulta ser una gitana rumana con poderes- emprendan la búsqueda del perro. Ahí es ná. Esto mismo se puede contar en una sola frase: Un perro se pierde y su familia lo busca. Lo lógico, vamos. Digamos que esa búsqueda constituye en sí misma el núcleo central de la película, a pesar de que la intención del director apuntaba a llevar el filme por otros derroteros: la sensación de soledad cuando los hijos abandonan el hogar, la falta de vitalidad en un matrimonio que lleva décadas casado, esas cositas típicas que pasan a los papuchis cuando superan los 60. Aunque de todo esto que el director quería transmitir digamos que “mucho te quiero perrito, pero pan poquito”.
Todo es tan previsible que ni las risillas que en algún instante pueden nacer consiguen eliminar la sensación de sopor infernal que acecha al espectador. Un espectador desconcertado por enfrentarse -sí, porque hay que tener lo que hay que tener para ir a una sala de cine y pagar los 8 eurazos que cuesta la entrada (queridos, fui al pase de prensa, si ya habéis pagado por verla no me odiéis demasiado)- a una película de entretenimiento que no entretiene, que parece familiar pero si yo tuviera hijos -dios me libre muchos años- no les llevaría a las salas porque dicen algún taco que otro que no me gustaría que escucharan y porque es una lástima ver a unos actores de la talla de estos señores ver hacer bodrios de tal calado. Con lo que ellos han sido, con los grandes momentos que Diane Keaton nos ha regalado de la mano de Woody Allen, una Keaton joven que me fascinó en Manhattan y me enamoró en Annie Hall. Pero es que la pobre – incluso sería justo decir desgraciada, porque lo suyo es una desgracia como otra cualquiera – lleva haciendo una década el mismo papel, con matices, por supuesto. Pues al final va a tener razón Glenn Close y los mejores papeles de más de 50 años se los lleva siempre Meryl Streep.
Bueno, ¿qué? ¿nos animamos a ir al cine a ver esta o nos decantamos por alguna que otra película mejor de la cartelera? A mí, eso sí, luego no me vengáis con reproches.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La fila 11. Diferencias norte y sur, en el cine también


Este fin de semana me han puesto delante de los ojos algunas diferencias entre el norte y el sur. Diferencias a nivel económico, social, político. Diferencias a nivel humano también. Pero como esto es una página de cine, he buscado esas diferencias norte-sur en el séptimo arte, sobre todo, porque he tenido la oportunidad y la suerte de poder asistir a dos de los festivales cinematográficos más importantes de España. Estuve, el pasado octubre, en la última edición de la Seminci de Valladolid y regresé hace unos días del 15º Festival de Cine Español de Málaga. Las diferencias que os traigo aquí son anecdóticas, nada tienen que ver con las otras que mencionaba al principio. Pero de algún modo, son un buen ejemplo de las diferencias del norte y el sur que encontramos, incluso, dentro de España y dentro del cine.



Es obvio que los dos festivales son completamente diferentes, tanto en el fondo como en la forma. Mientras que el de Málaga lleva 15 ediciones (digamos que está en plena adolescencia) el de Valladolid lleva 56 años, y ya conocen el dicho: “sabe más el diablo por viejo que por diablo”. En el de Andalucía “sólo”se ven películas nacionales, mientras que en el de Castilla, pudimos ver, en esta última edición, producciones, además de españolas, otras que vinieron de Francia, Italia, Bélgica, China, Israel, Canadá o Finlandia, incluso dos de ellas, Profesor Lazhar e In Darkness, consiguieron nominación en los últimos Oscars. Pero no es esto, tampoco, lo que quiero destacar. Lo que me ha llamado la atención, sobre todo, es el carácter.
Sí, el carácter. Porque más allá del tipo de cine, el tipo de público es completamente diferente. En Valladolid no se cortan demasiado si una película no gusta y patalean –literalmente- en la sala para demostrarlo. Tengo la sensación de que son más exigentes, entiéndanme, no quiero desprestigiar, en absoluto, ni a unos ni a otros, simplemente poner de manifiesto mis percepciones. Y el nivel de cinefilia y gafapastismo era mayor en la Seminci. Las películas, en el norte, son más dramáticas, casi todas dramáticas. Si asistí a nueve proyecciones, presencié nueve dramas. En algunos se aplaudió, en otros fue ni frío ni calor, alguna pataleta hubo cuando acabo alguno de los filmes. Y eso que estamos hablando de directores de la talla de Nanni Moretti o los hermanos Dardenne.


En Málaga la cosa ha sido más amable. Muchos debutantes, algún ídolo de jovencitas, un poquito de cine púber y palomitero, algún drama descafeinado y también comedia, como Carmina o revienta, la ópera prima de Paco León, un falso documental que consiguió la Mención especial del Jurado y el Premio a la Mejor Actriz para la “primeriza” Carmina Barrios. Pero lo más increíble de todo fue que tras el pase de la película (una película divertida y enraizada, una película andaluza “por los cuatro costaos”) es que el público allí presente se levantó, se puso de pie y ovacionó al director y a la actriz. Ovacionó de verdad. No aplausos y ya. Fue algo increíble, de verdad, en un nivel “semanasantero”,podríamos decir. Tanto que Carmina se puso a llorar. Y el público, ya de paso, también. Muy emocionante.
Y es que, por mencionar diferencias, hasta el tiempo es diferente. En Valladolid se celebra en octubre, y hacía bastante frío y lluvia. Pero quericas tapas nos comimos. En Málaga hacia un sol que daba hasta pena meterse en la sala. En fin, dos festivales completamente diferentes y como esto es cine, ganamos todos, ganamos siempre. Tan sólo hay que saber en cuál de ellos se encaja mejor. Aunque los amantes del cine, seguro, disfrutaran de ambos. Yo, al menos, así lo he hecho. En definitiva, unas diferencias que son una prueba de la riqueza y de la diversidad de nuestro país. Lástima que no todo el mundo sepa apreciarlas.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Porque puedas encontrarme desde la Laguna, desde Buenos Aires, o desde donde sea…


Pelicula Martin h

Martín Hache es la vida, es la nostalgia, es el reencuentro. Martín es un adolescente que no tiene ni pajolera idea de adónde va ni de dónde viene. Martín es un señor, un señor pero con mayúsculas, de esos que usan un saco y ostentan de laboro, pero en cambio se queda como niño cuando le exigen exigirse a sí mismo. Martín es la huída de la ciudad, es la añoranza. Martín no es una persona, son miles. Martín eres tu. Martín es esa bellísima dama a la que no consigues sacar, ni conseguirán nunca, de esos malditos antros de música punk. Martín somos todos los “tarados”que descubrimos a Borges en la senectud (sí todos igual de celosos de ti Buenos Aires, que todos queremos para nosotros solos, imposible aprender de todo lo malo). Martín es una vida que pasa poco a poco, tan sibilinamente que nunca fuimos conscientes de lo que perdimos en ese acantilado al borde de la locura, el de las rocas escarpadas, al borde de los meteoritos que destruyeron la tierra. Martín es Johnny rehabilitado, porque algún día lo necesitó y descubrió aquél adolescente del que nunca debió desprenderse.
Martín Hache es una película argentino-española de 1997 que me enseñó a vivir de otra forma.
Martín Hache es una película de Adolfo Aristarain, pero son tantísimas cosas que uno se queda corto al intentar resumirlas, porque Martín son tantos personajes, tantas vidas, que uno es incapaz de no verse identificado entre sus estrambóticos personajes.
Porque todos sentimos la necesidad de explotar que Alicia acaba llevando a cabo, porque no nos sentimos queridos. Porque Marina nos abandonó, no nos quiso, se fue con aquél maldito imbécil que pitaba faltas y tarjetas, y jamás la recuperamos. Una vez vino y nos miró mal y no paramos ni una, porque esa es Alicia, ella jamás levantó cabeza, Y tú por supuesto tampoco.
Martín Hache es una sentencia de muerte, es un puñetazo en la boca del estomago, ahí, justo en la entrepierna también, donde más duele, y te dice lo que sientes, pero sin tapujos, te dice lo que hay y ya está. Que ya está bien de esconderse detrás de tonterías, detrás de excusas, detrás de esa timidez congénita, y transgénica también, de esas barcas y traineras que te cruzaban la bahía para reencontrarte con la nostalgia. Una nostalgia ya perdida, de padres que te piden que SEAS o que LEAS o que VIVAS o que HONRES, que les demuestres que SIRVES de algo. Que ya está bien de eso.
Martín Hache son tejados sin ornamentos, son tejados sosísimos, sí oigan sí, de esos tejados que están tan horrible y absolutamente desubicados que dejan huella en uno mismo. Martín Hache son el olor a mar, a humedad, ese olor que en los días de verano se hace insoportable, se te mete entre los huesos y te impide escapar, recordando aquéllos maravillosos días (al son de Joe Cocker por supuesto).
Pero llega un día en que todo cambia, en que Joe Cocker se convirtió en un vejestorio del que casi nadie sabe, en que Loquillo apareció en entrevistas de Libertad Digital, días en que el Nueva Visión cerró sus puertas. Llegaron los días en que reapareció un acantilado al final del camino, con un sendero ineludible plagado de moras azules y amoratadas, al final del cual sólo cabía el abismo.
Esos días en que el camino te dirige hacia la “merca” hacia el dealer de nariz puntiaguda que te pregunta por ti, porque sabe que no podrás negarte mucho más. 37 pastillas y ron, la mezcla que nunca falla.
Todo ello es Martín Hache.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Sobre el suicidio de la posmodernidad urbana en un Hipódromo de Las Vegas



Navegando por la web el mes pasado he podido darme cuenta de algo que no me ha hecho mucha gracia la verdad, y es que creo que en la blogsfera no ha calado del todo bien el mensaje de Shame, o no se ha entendido del todo esta película, recogiendo entradas y comentarios bastante críticos, pero también muy pueriles.
Como sabréis, Shame es una de las películas más señaladas que la hornada del mes pasado nos deparó en las salas de cine, la última peli del irlandés (aunque no lo parezca) Steve McQueen y del actor alemán Michael Fassbender, con la inestimable colaboración de la preciosa Carey Mulligan. A la hora de valorar una película de un modo más o menos objetivo, tengo tres fuentes a las que recurro en primer lugar:
1º. La taquilla: dado el innegable carácter de negocio que tiene la industria del cine, por lo menos la actual, la taquilla es quien decide si una película se convierte en un acierto o en un fracaso, así de simple. Lo cierto es que las cifras de taquilla de Shame, teniendo en cuenta el tipo de película que es, no están nada mal.
2º. La crítica: más especializada en diversos medios, papel y webs, con palabras más que favorables tanto para las dos actuaciones principales de la cinta como para su director.
3º Y por último, pero no por ello menos importante, la comunidad de blogs sobre cine que hay en la web: y es aquí donde me he sorprendido al encontrar bastantes críticas negativas, incluso sarcásticas sobre el bueno de Fassbender o la pobre Mulligan.
La verdad es que no suelo alinearme del todo con ninguna de las tres, pero sirven para hacerme una idea de lo que voy a ver en pantalla, y cuál es mi sorpresa al ver que me siento perfectamente identificado con los dos primeros, mientras que me alejo en exceso del tercero.
Y es que Shame es una película contemplativa, sí, pero para nada tiene un ritmo narrativo lento, porque en una película no siempre se cuentan historias con palabras, a veces su mayor lirismo y dramatismo se encuentran en miradas, en gestos, en actuaciones aparentemente grotescas o sin sentido. Shame es una película de este estilo, es la educación sexual de dos hermanos que queda marcada profundamente por un hecho de la infancia, determinando su desarrollo personal hacia caminos diferentes, pero igualmente dramáticos.
Shame es una oda hacia el cine más sensorial, porque se basa en que el espectador sea cómplice de la cinta a través de lo que percibe en la pantalla por lo que ve y por lo que escucha. No es de extrañar, por tanto, la calidad de sus imágenes como de su banda sonora. Nos regala imágenes para el recuerdo: un sórdido club de citas homosexual, una carrera nocturna por Nueva York con una larguísima secuencia, imágenes de lo más eróticas en el metro de la ciudad, etc. Pero sobre todo, nos regala una historia de inadaptados, de dos hermanos que viven la misma tristeza de forma diferente, posiblemente Carey Mulligan lo explique mucho mejor que yo en esa versión terriblemente deprimente de New York New York.
Esto y nada más es lo que se esconde tras lo más evidente y pueril de la película.
La última parte del artículo se la quiero dedicar a una serie que me ha enamorado, la serie que más cerca ha estado de hacernos sentir algo parecido a lo que vivimos con Los Soprano (con el permiso de Deadwood, hay que ser justos), y que ha sido tristemente cancelada, la producción de Dustin Hoffman y Michael Mann Luck. Nos encontraremos en un hipódromo de Las Vegas, en la piel de corredores de apuestas, ludópatas, mafiosos chinos, e italo-americanos corruptos que también recordarán un poco a la Casino de Scorsese. Y es que si Deadwood era Los Soprano en el Oeste, Juego de Tronos era Los Soprano enla Edad Media y Roma Los Soprano enla Antigüedad, ahora nos encontramos con las mismas relaciones de poder entre caballos.
Tristemente cancelada, al parecer no ha superado las críticas y presiones de diversas asociaciones de animales, que se mostraron contrarias a la continuación de la 2º temporada con motivo del fallecimiento de 3 caballos en accidentes del rodaje. Sin más, habrá que esperar a la próxima colaboración Mann-Hoffman (que no está muy lejana).

viernes, 16 de marzo de 2012

La fila 11. Crónica de la La montaña rusa


Crónica de la presentación de LA MONTAÑA RUSA, la nueva comedia de Emilio Martínez Lázaro



Texto y fotos: Ismael Cruceta

Hoy viernes llega a las salas de cine españolas la nueva película de Emilio Martínez Lázaro: La montaña rusa. Y se estrena casi cinco años después de Las trece rosas, una película que consiguió, nada más y nada menos, que cuatro premios Goya. Ahora, el director regresa a la comedia, un género en el que no se adentraba desde que se estrenó, en 2005, Los dos lados de la cama. Sin embargo, esta vez el tono de comedia es diferente, más real.
El otro lado de la cama y su continuación tenían la peculiaridad de mezclar el musical con la farsa, unas situaciones esperpénticas que funcionaron de maravilla en taquilla. “Este tono viene de la literatura clásica española, del sainete, del cine de Alfredo Landa, de Lina Morgan”, explica el director. “El espectador manejaba a la perfección ese lenguaje exagerado y agradeció además que el tema a tratar, ese amor libre, fuera totalmente actual y opuesto a todo lo que se había hecho antes”, añade. Sin embargo, Martínez Lázaro defiende el tinte realista de La montaña rusa, su undécima película, la que define como la más importante “hasta que llegue la siguiente”.
“Se trata de una historia pequeñita, estaba saturado tras dirigir a trece mujeres. Esta tiene raíces más anglosajonas, es más irónica”. En ella se vuelve a profundizar en temas como el amor, la amistad y la inmadurez sexual. “Es como Woody Allen, habla siempre de los mismos temas contándolos de maneras muy diferentes”, resalta Daniela Féjerman, coguionista del filme.
Y por primera vez la gran protagonista principal es una mujer, no un chico: Verónica Sánchez. Ella, y los dos actores masculinos de la cinta, Alberto San Juan y Ernesto Alterio, son ya viejos conocidos del director: los tres compartieron cartel en Los dos lados de la cama, y han participado en dos películas más 
del realizador madrileño.



En La montaña rusa tres amigos de la infancia vuelven a encontrarse, surgiendo entre ellos un triángulo amoroso que gira en torno a la cama. Ada, insatisfecha sexualmente desde siempre, encuentra en Luis a un hombre para el que el sexo no es lo más importante, en el que confiar, con el que mantener una relación estable. Y cuando todo parecía perfecto, llega Loren para descubrirle el placer. “Ella anda confusa, con una idea del sexo que no se corresponde con su realidad”, explica la actriz Verónica Sánchez en la rueda de prensa en la que estuvo presente PONTE EN PIE. “Por fin conoce al personaje de Alberto San Juan, parece que está a gusto con él, que no necesitan acostarse juntos todo el tiempo”. Pero no porque tenga problemas o cualquier tipo de represión, simplemente es que el chico no tiene apetito sexual. “El problema es que ella está fingiendo, porque aunque haga ver lo contrario, Ada sí que necesita sexo”, dice Alberto San Juan.
Una comedia, escrita a cuatro manos entre el propio director y Daniela Féjerman, que ha dirigido películas como Semen, una historia de amor o A mi madre le gustan las mujeres. “Nunca hubiera hecho esta historia sin una coguionista femenina”, dice Martínez Lázaro, que destaca que se ha tratado del rodaje más fácil de su vida porque los actores habían ensayado mucho, con la que el director, independientemente de los resultados que consiga en taquilla, lo que pretende es hacer disfrutar al público. “El objetivo es emocionar, divertir… ambas cosas”, concluye.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. Resaca post-Goya, una gala sin sorpresas



Pues sí, ya llegaron los galardones de la Academiadel Cine Español, y lo cierto es que si tuviésemos que señalar un titular acerca de la misma, no podría ser otro que el de una “Gala sin sorpresas”. Triunfador incuestionable Enrique Urbizu con su No habrá paz para los malvados con una total y absoluta justicia (sí, le pese a quien le pese Almodóvar se ha quedado por el camino). Mejor director, Mejor película, Mejor Actor, Mejor guión, son algunos de los merecimientos que Enrique ha conseguido con su vuelta al género negro. Y es que la fórmula está ya inventada, una película de género, con un buen guión, una interpretación magistral y una ambientación moderna, por los túneles de la M30, restaurantes Vips y discotecas de último diseño. La confrontación que se produce al introducir a un policía absolutamente desfasado, de épocas oscuras anteriores y no del todo olvidadas, contra una de las grandes amenazas del Siglo XX. Hoy se ha reconocido a uno de los grandísimos directores de este país, al mejor director de género negro vivo. Magistral manejo de la cámara, una visión de la violencia excepcional, realista, creíble, in crescendo. Sólo por Todo por la pasta y La caja 507 merece que su nombre sea grabado a fuego en los cines de este país.
Pero sería injusto quedarnos en una reflexión tan simple, ya que el internacional y algo perdido últimamente Pedro Almodóvar se ha alzado con 4 galardones, de los cuáles es destacable la merecidísima Mejor Actriz Elena Anaya. Grandísima actuación la de la palentina, junto con Marisa Paredes lo mejor de la tan manida La piel que habito.
Posiblemente no tarden en surgir, o a lo mejor ya lo han hecho, las voces clamando contra la Academia, contra Urbizu y ensalzando a Almodóvar, a pesar de seguir en su línea horizontal. Horizontal porque ni sube ni baja, ni se moja ni se cuestiona, ni ahonda ni responde ni reacciona ni nada de nada. Una línea que inició con Los abrazos rotos y de la que no se ha recuperado todavía. Para los que lloramos con Hable con ella, nos emocionamos con La mala educación, nos asombramos con Volver (auténtico peliculón), aplaudimos Qué he hecho yo para merecer esto (probablemente su mejor película) y guardamos como oro en paño Pepi Luci Boom y otras chicas del montón (ahí, entre Carne Trémula y Tacones Lejanos), todavía estamos esperando su vuelta a la pantalla grande, porque desde entonces no se le ha vuelto a ver. ¿Es un gran director? Por supuesto. ¿Es mala película La piel que habito? Nunca. ¿Mereció la mejor película o el mejor director? Claro que sí, como también lo merecían Mateo Gil y Blackthorne o Benito Zambrano y su Voz Dormida.
A esas voces de las que he hablado anteriormente, totalmente respetables, como todas por otro lado, les recomiendo que empiecen un visionado de Todo por la pasta, La caja 507, La novena puerta o La vida mancha y finalmente No habrá paz para los malvados, antes de cometer el gravísimo de error de pretender denostar a uno de los grandes, uno de los siempre injustamente olvidados por no haber logrado caer en las circunstancias y contexto propicios, para defender a un hombre perdido en el desierto que sí logró encontrar esas circunstancias y hechos favorables, en su momento.
Francamente, no me detengo mucho en cuanto a los galardones de Mejor Actor y Actriz porque creo que, en ambos casos, es imposible la discusión.
Y sería mucho más injusto quedarnos en los nombres principales de la noche. Y es que el Blackthorne de Mateo Gil ha visto recompensado su trabajo como no lo fue en taquilla, la prueba palpable de que el “cine español” no es un género en absoluto, como algunos pretenden venderlo, sino que se compone de una amalgama de películas, géneros y tendencias de absoluta riqueza. Cuentan que al estrenar el título en el festival de Tribeka, nuestros compañeros yankees pensaron que la cinta era de uno de sus compatriotas, abriendo los ojos como platos cuando descubrieron que este western era made in spain.
Pero no sólo de westerns vive el hombre, y es que Kike Mahíllo, que también vio recompensado su trabajo con total merecimiento, demostrando con Eva que no sólo se puede hacer ciencia ficción en España, también es de gran calidad técnica y temática.
Buenísimo speech de Santiago Segura, poniendo los puntos sobre las íes, dando algún varapalo que otro totalmente merecido con unas notas de humor. Creo que es de lo más gracioso e inteligente que he escuchado en una Gala de los Goya. También recuerdo a Eva Hache, fantástica en el ritmo de la ceremonia, difícil por el listón de los anteriores. El que esto escribe es un fan incondicional de Luis Tossar, pero hay que aplaudir el rap del Langui, aunque sea, sólo por ver rapear a Juan Diego, Tito Valverde y Antonio Resines. Absolutamente brutal.
Una nota emotiva, un gran y cariñoso recuerdo para Silvia Abascal, emocionadísima y con gran trabajo físico por su parte. Tan solo cabe aplaudir y agachar la cabeza mientras resbala una lágrima por nuestra emocionada mirada.
Como me parece que este comentario se extiende en exceso, tan sólo ratificaré mi agrado y alegría por todas las nominaciones, gran labor dela Academia. Esperemosque nuestro querido Pedro no se mosquee y salga pitando de la Academia de nuevo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

La fila 11. La dama de hierro. La dama del cine



Estamos en el mes del cine por excelencia. Durante el verano la cartelera suele flojear, pero con la temporada de premios en su momento álgido, las películas apetecibles colman las salas y los cinéfilos tenemos muchas tareas pendientes. Porque ser cinéfilo –o gustar del buen cine, como mínimo- es también estar al tanto de los premios y los premiados. Y este año, los Goya y los Oscars se presentan interesantes y previsiblemente intensos. Si no en lo que al nivel se refiere, sí al menos en lo que pueda ocurrir en las ceremonias, que es (casi) cualquier cosa. Ya saben, ¿ganará The artist o La invención de Hugo? ¿Ganará George Clooney o Jean Dujardin?
Lo único que parece claro es que Meryl Streep merece, de una vez por todas, su tercer premio Oscar. Parte como favorita, sí, aunque tampoco tiene todas consigo, y puede que ese preciado premio se le escape entre los dedos y vaya a parar a Michelle Williams, en la que es su tercera nominación, o a Viola Davis, que se ha llevado el SAG por Criadas y señoras.
Pero la industria cinematográfica y los académicos de Hollywood deberían premiar a Meryl por su interpretación en La dama de hierro, la película de Phylidda Lloyd en la que da vida a Margaret Thatcher. Meryl lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a superarse a sí misma en un ejercicio que va más allá de la mímesis para dejar boquiabierto al espectador incluso más frío y escéptico. Un ejercicio interpretativo magistral, que se sustenta en las miradas, en los gestos y en la voz. Complejo y acertado.
Pero este Oscar merecido debería, además, llevar su nombre, por las no pocas veces que la academia de Hollywood ha sido injusta con ella. La última fue hace dos años, cuando la estatuilla fue a parar a las manos de Sandra Bullock (¡menudo chiste!) por un papel que no era mejor que el de la Streepen Julie&Julia.


Un Oscar, el de este año que, en caso de llegar, llegará 30 años después del anterior. 30 años en los que la actriz nos ha dejado alguna de las mejores interpretaciones femeninas de todos los tiempos y en todos los registros. Porque está claro que Streep mejora con los años, que su expresividad no se ve mermada por el bótox –cuantas se están echando a perder-, que su versatilidad se agudiza con el tiempo, explorando otras pieles y otros corazones, para insuflarles alegría o tristeza, en unos casos fuerza, en otros, amor u odio. Pero siempre vida. Porque confiere un oxígeno a sus personajes que les da la veracidad necesaria en casa caso.
Meryl Streep debería ganar este año interpretando a una mujer que no fue nada amable, pero sí firme y trabajadora, eso es innegable. Meryl Streep que durante décadas se ha mantenido al pie del cañón, apostando con fuerza por aquello en lo que siempre ha creído hasta convertirse más que nunca en una dama de hierro que destila humanidad y sencillez, que siempre se ha mantenido al margen de extravagancias de diva y ha derrochado una exquisita elegancia. Sin duda, ella es la dama de hierro, la dama del cine.

miércoles, 25 de enero de 2012

Desde un pequeño rincón de Madrid. La paciencia como virtud, o hacer las cosas bien:



Pensaba iniciar éste artículo hablando sobre la BBC y las series que ha producido en los últimos años, presentándose no sólo como una opción frente a la HBO, sino como la pionera que siempre ha sido para desarrollar telefilmes y series de grandísima calidad. Desde Yo, Claudio hasta las más recientes Presunto Culpable, Luther , Sherlock o la trilogía Red Riding, no han dejado de sacarnos lo colores ante lo que una cadena pública de televisión es capaz de llevar a cabo cuando se dispone a hacer las cosas bien.
Pero anoche me asaltó una reflexión sobre el mundo de las series cuando pude terminar el treceavo y último capítulo de la serie yankee The Chicago Code, buscar información sobre la serie y descubrir que ésta había sido cancelada por Fox, de modo que se quedará en una única temporada. Siempre estamos hablando de las miles de series que salen a la palestra y son canceladas, por diversos motivos, el principal sin duda los niveles de share, de audiencia, pero también por sus pésimas calidades. Otra circunstancia sería la poca paciencia que hay entre las cadenas privadas, como locas siempre por encontrar un A dos metros bajo tierra, Los Soprano, The Wire o Perdidos de turno. Me recuerda a la realidad que vive desde hace 20 años un muy seguido equipo de fútbol madrileño que se ha convertido en una picadora de carne de entrenador y jugadores, incapaz de tener un mínimo de paciencia. De asumir los errores y los fallos en pos de un futuro mejor. La política de hacer las cosas mal, tarde y rápido. Este club es el Chicago Code de las series de televisión.
Ésta serie de la que hablo viene a ser un thriller policíaco desarrollado en la ciudad de Chicago con dos personajes realmente interesantes, que yo pondría en ese Olimpo de Stringer Bells, Tony Soprano, Christopher Moltisante, Jimmy McNulty, Don Draper, etc sin dudar ni un segundo. Nos encontramos con una lucha a muerte con la corrupción de Chicago y la mafia irlandesa que actúa impunemente amparada por el concejal Gibbons (grandísimo Delroy Lindo). Los encargados de pararle los pies son la muy flashdance Jenifer Beals y el genial detective Wysocki (Jason Clark) al que también podremos encontrar en otra de policías convertida en el nombre propio de los últimos años, Brotherhood.
Pues bien: buenas tramas, muy buenas interpretaciones, un final interesante, la posibilidad de continuar desarrollando los personajes con más temporadas, etc, pero la FOX decide cancelarla inexplicablemente en 2011.
Absolutamente indignado, no he podido evitar recordar otro nombre que me dejó chafado al enterarme de su cancelación, la serie de espionaje Rubicón. Otro caso muy similar, una serie con una trama muy interesante, bastante adictiva, con unas buenas interpretaciones y un desarrollo futuro envidiable, es cancelada sin previo aviso ni muchos argumentos razonables. Nos encontramos con una agencia norteamericana que sirve de apoyo a la CIA, FBI, NSA, Pentágono, Defensa, Secretaría de Estado, etc. Vamos, vienen a ser los que cortan el bacalao en el mundo del contraespionaje y el manejo de información en los EEUU. En ese contexto conoceremos a un grupo de excéntricos analistas que se encargan de interpretar e investigar la información referente a posibles objetivos de terrorismo. Entre estos peculiares funcionarios habrá uno que destacará sobre el resto al descubrir una conspiración entre los crucigramas de un periódico, por la cual un grupo de hombres poderosos manejan a su antojo atentados, terroristas y las Bolsas que determinan el precio del petróleo.
Este comienzo bastante prometedor se queda en nada cuando llegamos al doceavo y último capítulo para conocer, sorprendentemente, la cancelación de la serie por AMC, creadora de Mad Men, Breaking Bad o The Walking Dead.
Podríamos seguir citando ejemplos como Los hermanos Donnelly o Studio 60, pero por el bien de mi úlcera creo que estos dos ejemplos son lo suficientemente representativos de la cantidad ingente de títulos que se van por el desagüe a pesar de su grandísima calidad.

miércoles, 11 de enero de 2012

La fila 11. La risa alegre del cine español


Año nuevo, vida nueva… eso dicen. Y nuevos propósitos para 2012 y balance del anterior en diferentes aspectos. El que hoy y siempre ocupa este espacio: el cine. Y como estamos hartos de malas noticias, de crisis y de apocalipsis, os traigo un buen dato: la cuota de mercado del cine español ha aumentado más de un 3% con respecto al año anterior. Esto significa que nos hemos gastado más dinero en ver nuestras películas, las que, en cierto modo, pagamos todos.
El motivo de este buen dato tiene principalmente un nombre: Torrente. La cuarta parte del poli casposo ha recaudado más de 19 millones de euros, así que olé olé y olé para Santiago Segura por dar al público lo que quiere. “Queréis caspa, pues os va a salir por las orejas”, seguro que pensaría el cineasta. De verdad, mi más profunda admiración por su inteligencia y por hacer un producto cinematográfico rentable, (aunque no sea mi estilo en absoluto).
Porque ahí radica el eterno debate: ¿cuál es valor de una obra maestra que nadie ha visto? El asunto es complejo, y creo que hay que seguir avanzando para que se realicen películas de incuestionable calidad cinematográfica que consigan ser éxitos de taquilla. Que conecten con la gente.
Aún estamos lejos del chovinismo en Francia, donde cada año suele ser una película gala la que más espectadores consiga (y cuanto más francesa sea, mejor, véase el exitazo de Bienvenidos al Norte), pero es cierto que la sociedad española avanza en lo que al cine patrio se refiere, y cada vez se oye menos aquella muletilla típica de algunos gafapasta noventeros de “yo es que no veo cine español”. Ahora eso suena rancio, y me alegra que así sea, y suena rancio gracias a los nuevos directores jóvenes que consiguen hacer películas en las que podemos ver representada nuestra identidad cultural actual, alejándose de las producciones cañís de antaño,

salvo algunas muy dignas excepciones (Berlanga, Saura, etc.).
También ha habido descalabros, por supuesto. Y eso es, sobre todo, lo que hay que evitar. Un buen ejemplo sería El Capitán Trueno, una película carísima a la que llamaron El Capitán Truño, y que destilar sopor por los cuatro costados tan sólo con leer un argumento que nada tiene que ver con la España multicultural hacia la que avanzamos cada vez más.
Pero destaquemos los éxitos. Está claro que la gente quiere comedias y películas contemporáneas: además de la mencionada Torrente 4, y sin tener en cuenta Midnight in Paris, una película con producción española pero rodada en París con un equipo técnico y artístico extranjero, algunos los mayores éxitos de nuestro cine en 2011 han sido Fuga de cerebros 2 con más de cinco millones de euros recaudados, ¿Para qué sirve un oso? y Primos. Todas ellas, películas de evasión, que buscan la risa.
Y luego, por supuesto, Almodóvar. Almodóvar que es un maestro, que con su estilo personal aúna el camino correcto que hemos de perseguir: el cine de calidad que arrastra a un público exigente hasta las salas. Más de 4 millones de euros recaudados, con presencia en Cannes y candidata a un Globo de oro.
Porque el cine, nuestro cine, es, o debería ser, una expresión artística y un reflejo de hoy, también de lo que hemos sido, pero sobre todo de lo que somos y de lo que queremos ser, con miras en el presente y en el futuro. ¡Bravo por el cine español de calidad!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desde un pequeño rincón de Madrid. Unas pequeñas reflexiones:



Cambiando de nuevo el formato de ésta sección, para cerrar esta primera tríada de colaboraciones, en esta nueva ocasión voy a hacer una pequeña recapitulación y reflexión sobre algunas noticias y acontecimientos relacionados con el mundo del cine que se han ido produciendo a lo largo de este gélido, o no tanto, mes.
Para empezar, por fin he terminado de ver la 2º temporada de The Walking Dead, de nuevo con ese tramposo formato de 6 ó 7 capítulos por temporada. ¿Tan difícil es hacer una temporada interesante con 22 o 24 capítulos? Es algo incomprensible para mí, pues de los últimos títulos de los que he disfrutado creo que sólo The Good Wife y Persons of Interest los tienen. Puedo entender que hagas una miniserie “larga” o una serie “corta” a modo de Sherlock (BBC) con 3 capítulos de entre 100 y 110 minutos, pero eso de 6 o 7 capítulos de 40 minutos me parece el mínimo esfuerzo. Supongo que sus motivos tendrán.
Bueno vayamos al “tajo”, sensaciones tras el último capítulo: han conseguido salvar una temporada muy flojita, que no cuenta prácticamente nada, con un último capítulo magnífico. La división en el grupo cada vez es más tangible e insostenible, y es evidente que Shane y la chica rubia de cuyo nombre no puedo acordarme representan cada vez más el mundo que les tocará a todos vivir. Esto es de hecho el gran quid de la serie. Como dije en mi primera entrada de las colaboraciones con Ponte Cine, el creador de los cómics no estaba interesado ni mucho menos en aclarar o explicar los motivos y consecuencias del Holocausto zombie, sino en narrar la convivencia de un pequeño grupo en ese contexto post-apocalíptico. Por tanto, siendo esto así, me parece de un cinismo fuera límites criticar la 2º temporada por una circunstancia clave para justificar lo mucho que se alabó la 1º.
A pesar de esto, el ritmo es muy lento, cada vez cuenta menos cosas y resuelve pocos enigmas, lo que hace que sea pesado su visionado. Como digo, lo más interesante ocurre en el 1º y el último capítulo, el resto sobran. Ya dije que habría que ver como se desarrollaba la tensión y el ritmo en su 2º temporada, y el resultado no puede ser más que un aprobado muy justito para AMC.
Y en realidad es mucho peor que un suspenso, porque han bajado una serie de calidad notable a una más del montón. Lo que era algo distinto y especial en ese universo de zombilandia se ha convertido en un producto vulgar.
Seguimos con otros menesteres, se anuncia el próximo estreno de Misión Imposible IV, nueva entrega de la franquicia apadrinada, y protagonizada, por Tom Cruise, que de nuevo toma las riendas dentro y fuera del plató. En este caso ha decidido entregar la dirección a un conocido de las producciones animadas, Brad Bird, que ya se encargara de Los Increíbles y Ratatouille, por lo que veremos cómo le va con las cintas de acción. Sobra decir que cuando estas líneas vean la luz ya se habrá estrenado en nuestro país, el motivo por el que quería hablar de ella es por el tipo de franquicia que ha supuesto en la pantalla grande: primero demostró allá por el año 1996 que se podían hacer buenos blockbusters, de calidad y muy entretenidos. Segundo, que se podían adaptar decentemente series de éxito de los años 70, como era Misión Imposible por aquél entonces y, por último, configuró un tipo de saga en la que el único elemento que se repite es el agente Ethan Hunt, lo que implica otra cosa….que no puede rodarse una película de este tipo sin la presencia de Tom Cruise delante de las cámaras. Sobra decir que el poder de decisión que tiene Tom a este respecto es de proporciones bíblicas, además de ser el principal productor.
Cambiando de tercio, el pasado fin de semana pude acercarme a los cines Renoir y disfrutar con la genial Carnage, estrenada en España como Un Dios salvaje, la nueva y gran película de Roman Polanski. Adaptación de una obra de teatro, canta muchísimo en varias escenas y en la estructura de la cinta, encontramos encerrados en las mismas 4 paredes a dos matrimonios, padres de dos niños que se han peleado en la escuela, por lo que deciden intentar arreglar el asunto pacíficamente. Sobra decir que según pasan las horas los más bajos instintos del ser humano irán aflorando a la superficie en estos tipos para dejar de lado las buenas maneras y las falsas sonrisas y dar paso a un desenfreno lleno de alcohol y sarcasmo de gran calidad.
La película es una obra maestra o le falta poco para serlo, y el equilibrio que Roman le da estos monstruos de la interpretación es envidiable: Kate Winslate, Jodie Foster, Christoph Waltz y John C. Reilly. Es una hora y media de auténtico buen cine, del que no se ve todos los días, más bien al contrario, brilla por su ausencia.
Por último, no puedo resistirme a comentaros las ganas que tengo de poder sentarme en una butaca y disfrutar con The Artist, esa pequeña joya francesa que viene en blanco y negro y sin sonido. Una muy querida amiga “belga” me ha conminado a verla ocurra lo que ocurra, y la verdad que del tráiler que pude ver tiene pinta de ser LA película del año. Una vuelta a los orígenes, a donde todo empezó, con un homenaje al GRAN cine de Hollywood, desde Cantando bajo la lluvia a El Crepúsculo de los dioses, pasando por Vértigo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La fila 11. Expectativas Creadas


¿Cuál es la influencia que ejercen sobre nosotros los premios cinematográficos? ¿Determina el palmarés de una película que nos decidamos a verla? La respuesta, en la mayoría de los casos, parece clara: Sí.
Cuando nos “venden” que cierto drama con aires clásicos y pocos momentos de grandiosidad que trata sobre un rey tartamudo ha conseguido nosécuántos premios Oscars, hay una especie de pulsión interior que nos “arrastra” hasta una sala de cine (a ser posible en una butaca de la fila 11, ¿recuerdan?). Cuando nos enteramos de que cierta película con actores de renombre y director de culto ha ganado el “Premio más importante del Festival de Cine más importante”, aquellos que gustamos del séptimo arte no podemos dejar de verla, aunque lo que nos encontremos después sea un ejercicio de petulancia del realizador y aquellos magníficos intérpretes apenas tienen alguna frase…
Pero quiero ir más allá. Porque no sólo los premios aseguran el éxito en taquilla, sino que, cada vez es más fuerte e influyente la opinión de los usuarios en blogs, foros y webs de cine. En realidad, siempre ha sido así, es el clásico método del boca oreja que, gracias a la red, ha adquirido unas magnitudes que me atrevo a calificar como kingkongnianas, y crea de manera indiscriminada una serie de valores cinematográficos colectivos que, en la mayoría de los casos, son de usar y tirar, pero que consiguen un arraigo social exprés tan profundo que posicionarse en contra puede llegar a resultar incluso destructivo para quien lo haga. Algunos ejemplos más o menos recientes: Si hace un par de años decías que habías detestado Avatar, la gente te miraba mal e incluso podías provocar rechazo en determinados círculos frikis. De la misma manera que posicionarse en contra de una “obra maestra” como No es país para viejos, de los hermanos Coen, podía crearte enemigos gafapastas.
Es decir, en buena medida, entre unos y otros, se conforman las expectativas que tenemos hacia los largometrajes que van llegando a las salas. Pero cuidado, porque estas expectativas pueden jugarnos una mala pasada. Cuando las alabanzas son excesivas y te preparas para ver una película de 10, no es complicado que salgas del cine habiendo visto una buena película, sí, pero que te ha sabido a mediocridad. El caso contrario es mucho más reconfortante: si algún osado se decide a ver una película que no para de cosechar ataques, puede salir del cine y efectivamente pensar que ha visto una “considerable mierda” o, en el mejor de los casos, salir con una sensación positiva (lo que acarrea, a su vez, entrar en el juego de defender una película atacada y ser igualmente atacado).
En las últimas semanas he visto dos películas que, en mi imaginario, tenían unas expectativas creadas elevadísimas, y son las que me han llevado a escribir este artículo: Melancolía, de Lars Von Trier (con Kirsten Dunst galardonana como Mejor Actriz en Cannes) y Criadas y señoras, que no para de recibir elogios de crítica y público y parece que es ya una de las favoritas para los próximos premios Oscars. Las dos me han gustado. Ambas son buenas películas, con destellos del mejor cine actual, pero no me han parecido las obras maestras que me vendían a bombo y platillo. Y el regusto no es tan dulce como esperaba.
Por eso, y en definitiva, creo que es necesario ser cauteloso, mantener la cabeza fría a la hora de ver una película, dejarse llevar únicamente por las voces y las imágenes que escuchamos y vemos en la pantalla, lo que no supone el aislamiento previo, sino la elección adecuada de sitios y círculos cinematográficos que eviten llevarnos a la creación de expectativas erróneas. ¿No creen?

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Desde un pequeño rincón de Madrid. El renacer de los muertos en el Far West






Si el mes pasado decía que quería “huir” un poco de los géneros propios de mi blog para no saturarme tanto la cabeza, en esta entrada voy a contradecirme totalmente, la primera de muchas contradicciones que posiblemente haga con un descaro cercano al del Mark Zuckerberg de la oscarizada Red Social.
Y es que hoy nos adentraremos en unos terrenos un tanto pantanosos que se sitúan en el contexto general del Western, género típicamente norteamericano con permiso de películas como Blackthorne o del Spaghetti Western. Si bien, es cierto que hablaremos del western, no es menos cierto que no lo haremos al uso clásico del género, sino en una variante que ha surgido hace bastante poco. Sin darle más vueltas, quería dedicar este mes a la exitosa serie The Walking Dead, con motivo del cercano estreno de su 2º temporada (posiblemente cuando éstas palabras salgan a la luz ya se haya estrenado en España).
Y es que podremos disfrutar viendo como el mundo se dirige inexorablemente hacia el Apocalipsis de la mano de un peligroso virus que hace levantarse a los muertos de sus tumbas con mala leche y muy hambrientos.
Posiblemente el espectador no iniciado en la serie pensará al ver el tráiler “ya está, otra de zombies”, y no le falta razón pues parece que el género de los muertos vivientes ha estallado en la última década de una forma bastante asombrosa. Películas como El amanecer de los muertos, giros de tuerca que intentan explicar el asunto de un modo científico como 28 días después o 28 semanas después, e incluso con un toque más cómico como la divertidísima Zombies Party, se han encargado de darle caña a los “caminantes”. También podemos enorgullecernos de nuestro cine patrio de la mano de Jaume Balagueró y el señor Plaza con la saga REC (que por cierto tiene en el horno una tercera parte y una precuela).
Aunque en lo que a historias con zombies se refiere no podemos olvidarnos del más grande, el jefe, el inigualable George A. Romero, y su genial La noche de los muertos vivientes. Con un blanco y negro estupendo para la historia, un puntito gore y unos planos absolutamente terroríficos como aquella niña que roe paulatinamente los huesos de su madre.
La serie viene a ser la adaptación de un cómic que cuenta con 14 volúmenes y 84 capítulos escrito por Robert Kirkman e ideado sobre la base de los postulados que asentó Romero con su película, sus zombies se basan en los mismos diseños que se utilizaron para su película. Quien esto escribe no los ha leído, pero entendidos en la materia me dicen que los cómics son bastante mejores que la serie. De hecho, las motivaciones de Kirkman no pasan por explicar cómo se ha llegado o producido el Apocalipsis zombie, mientras que en la serie vemos recurrentes flashbacks que nos van desvelando un poquito más de la catástrofe.
Los actores, en general, no son muy conocidos, lo cual ayuda bastante para no encasillar ningún personaje, evitando prejuicios innecesarios. Y el punto fuerte de la historia se sitúa básicamente en la convivencia que se hace imperativa entre unos pocos supervivientes, con los roces y conflictos que ello supone. Realmente vienen a trasladarse los problemas que pueden surgir entre un núcleo pequeño de gente encerrados en un espacio cerrado a una situación post-apocalíptica con zombies. La diferencia es que el espacio cerrado ahora será la Tierra, y la claustrofobia viene determinada por el hecho de ser, aparentemente, los únicos supervivientes rodeados por hordas de zombies.
Decía que estamos ante un nuevo género de western porque utiliza muchas de sus claves: quizás la más llamativa sea el enfrentamiento entre la ley civil y la ley natural, pues se llega a un contexto en el que ninguna de las reglas sociales ni acuerdos alcanzados en sociedad valen ya. Sólo vale sobrevivir en un contexto absolutamente hostil. La estética recuerda también con esos paisajes naturales, grandes angulares y el protagonista que quiere encontrar a su familia con un revólver colt como herramienta de trabajo.
Aunque es una serie que llega en el momento justo para aprovechar una historia de zombies, en un pequeño parón de ese aluvión que hemos sufrido en el género, veremos cómo se desarrollan las temporadas. Ese tramposo formato de 6 capítulos por temporada, habrá que estar atentos al desarrollo de la historia y las dosis de tensión que nos darán. De momento sólo cabe felicitar a AMC y esperar a que se desarrollen los acontecimientos.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La fila 11. La fábrica de los sueños ajena a la crisis

Leí en algún sitio que la fila 11 es, en una sala cinematográfica, la más adecuada para que un crítico de cine valore una película. Por eso, esta sección que estreno hoy en este espacio lleva este nombre: La fila 11.
Llegó aquí cuando la cartelera comienza a animarse, por fin, tras el letargo veraniego. Porque durante los meses de calor (y este año el calor se ha prolongado mucho) las productoras consideran que nuestras neuronas están achicharradas y somos incapaces de ver una película que invite a la reflexión o profundice en cualquier asunto, salvo contadas excepciones.
Ahora llegan los que presuponemos –y deseamos- como los mejores estrenos del año, aquellos que colmarán el palmarés de premios nacionales e internacionales y, lo más importante, llegan los estrenos que colmarán también nuestros corazones. Porque, al fin y al cabo, de eso se trata, de que las películas nos pellizquen de una u otra forma. Que nos hagan reír a carcajadas, que nos hagan llorar, que nos estremezcan las entrañas o que se adentren en nuestras retinas con sus colores y sus efectos especiales, cada vez más impactantes.
No sé muy bien qué es lo que nos depara el futuro, pero la verdad es que, al menos, en lo que al cine respecta, parece que será interesante. Ya se han estrenado, con factura española, Mientras duermes, la que parece la confirmación de Jaume Balagueró como director de primera categoría; La voz dormida, el regreso de Benito Zambrano a las salas tras varios años de silencio y al universo femenino que tan bien captó en Solas, su ópera prima; y La piel que habito, la última gran obra maestra de Pedro Almodóvar, que una vez más ha sido obviado por los académicos para representar a España en los Oscars.
Y se ha estrenado lo nuevo de Steven Soderbergh, con un reparto de lujo, como viene siendo habitual; de Lone Sherfig, quien conquistara al mundo con An education y que regresa con One Day y una Anne Hathaway criticada por no conseguir un buen acento inglés; y Criadas y señoras, la revelación del año.
En las próximas semanas Roman Polanski, Steven Spielberg o Clint Eastwood serán los directores que ocuparán las portadas. También lo hará Meryl Streep y su dama de hierro, que “amenaza” con darle el tercer Oscar a la estadounidense.
De todo ello quiero hablar desde mi fila 11, reflexionar sobre algunas interpretaciones, sobre premios y festivales, sobre el poder de los críticos y la prensa, hablar de las cosas pequeñas y también de las cosas grandes que esperamos encontrarnos en las pantallas, hablar, en definitiva, del cine que quiero, que queremos todos, para que, ajena a esta crisis económica que nos sacude, la fábrica de sueños del séptimo arte no deje nunca de funcionar.
Gracias al equipo de Ponte en pie por hacerme un lugar en su espacio y, a todos los lectores, quiero decirles que, en mi fila 11, sois bienvenidos, aquí tenéis un hueco confortable para hablar de cine.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Desde un pequeño rincón de Madrid


“ El cielo, el infierno y el mundo están en nosotros. El hombre es un abismo ”

Para Bubú….



Hace unas semanas recibí un mail de Antonio preguntándome sobre la posibilidad de colaborar en este magnífico blog, escribiendo una crítica, reseña, comentario o sección a mi elección relacionada con el cine. La idea me entusiasmó y le contesté que sería un honor hacerlo.
Por este motivo supongo que pasaremos juntos unas cuantas horas, por lo menos una vez al mes. ¿Podré estar a la altura del reto y el contenido? Sólo el tiempo nos lo dirá, por lo que vamos a ello.
En mi blog suelo estar encorsetado en tres géneros: el western, el negro y el bélico, por lo que es muy posible que ésta nueva aventura me sirva como una pequeña terapia para desconectar un poco de las “obligaciones” y poder adentrarnos en otros géneros distintos, ello sin perjuicio de que reflexionemos sobre otros aspectos que rodean al 7º arte.
Para empezar, me gustaría mucho que comentásemos algo al respecto de John Carpenter, con motivo del remake que se ha estrenado estos días en la cartelera de su mítica película The thing (estrenada en España como La Cosa).
Como decía, la película original fue dirigida por John Carpenter en el año 1982 e interpretada por su actor fetiche Kurt Russell (que también protagonizaría 1997: Rescate en Nueva York y su secuela Rescate en Los Angeles, Golpe en la pequeña China, etc) y en la que veremos las pautas en las que transcurre su cine: por un lado hace películas muy modernas y muy actuales, mientras que por otro se acoge a un suspense muy cercano al thriller. De hecho veréis que en los géneros de terror, thriller y extraterrestres es el padre de absolutamente todo lo que vendría después (incluso hoy en día continúan sus enseñanzas para relanzar sagas olvidadas).
Por ese motivo me sabe muy mal que Carpenter sea el gran olvidado de una generación de directores norteamericanos que pusieron el cine made in USA en la cresta de la ola, el caso que nos ocupa lo hizo desde circuitos de serie B y secundarios. Pero en un momento en que esos circuitos podían ser totalmente cercanos a nosotros.
La película Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) fue la que le empezó a situar como un escritor interesante en Hollywood, y donde empezó a desarrollar el gusto por la claustrofóbica sensación de ser perseguido, por alguien o algo con tintes sobrenaturales, y la necesidad de defenderse a modo de Álamo. Ésta película sería objeto de un remake muchos años después, no es una mala versión pero la original es fantástica. Posiblemente el problema del remake es que prescinde de esos tintes sobrenaturales para darle una explicación totalmente lógica a la cinta, lo que rompe con uno de los principios de Carpenter, que no son otra cosa que la marca personal que diferencia a este director de otros.
Su siguiente película fue Halloween, nada más y nada menos, dando origen a toda una saga de asesinos en serie “inmortales” (todos los Freddys, Jason, Ghostface, etc nacen de éste Michael Myers que se sacó de la manga Carpenter) y que aún hoy día siguen de completa actualidad, ya que es un género que no muere nunca, al contrario, revitalizan sus sagas casi año a año.
Posteriormente dirigirá La Niebla, que viene a ser un cuento de terror al estilo de los cuentos infantiles, con unos efectos especiales alucinantes. Esa es otra característica del cine de Carpenter, utiliza efectos especiales muy creíbles, da la sensación que podemos tocar sus abominaciones. El siguiente proyecto sería 1997 Rescate en Nueva York, y hasta aquí vendría a resultar un período de aprendizaje que culminaría en La Cosa.
Todas las películas de las que he hablado están consideradas mitos, películas de culto por toda la cinefilia, pero es que luego tenemos auténticas obras de arte como el remake de El pueblo de los malditos, Golpe en la pequeña China o Vampiros, que vienen a certificar ese gusto por lo sobrenatural en un contexto racional.
John Carpenter inventó las reglas de numerosos géneros de circuitos secundarios, por lo que además de ser tan moderno es un auténtico clásico. Se ha convertido en un clásico a imitar: según las informaciones que tengo se están preparando más secuelas de obras “Carpenter”, especialmente de Están vivos y Rescate en Nueva York.
Con esta primera entrada quiero rendir un pequeño homenaje al rey del terror, del suspense, del cine de ciencia ficción, y podría seguir citando géneros y no acabar nunca con este auténtico maestro.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La importancia del otoño



Pocas personas te dirán que les gusta el Otoño, una estación poco vistosa, en la que muchos comienzan nuevas etapas, sinónimo de los primeros resfriados. La mayoría prefiere el verano, con sus vacaciones y fiestas, diversiones y alegrías, otros te dirán que es mejor la primavera, asociada al amor, a ese refranillo que tanto odio y que todos sabemos, "la sangre altera", o incluso dirán que les encanta el invierno, felices ellos con una mantita al hombro mientras ven llover y mojarse a los demás con la paz y satisfacción plena que siente uno al sentirse protegido por el bendito radiador. En el cine, en cambio, el otoño es, con seguridad, el mejor mes para contar historias.
Clint Eastwood, Anthony Mann, Sidney Pollack y otros grandes directores rodaban los exteriores de sus películas en otoño por su luz más tenue y oblícua. Recuerdo por ejemplo Mystic river, pronto uno de nuestros impresindibles, rodada a principios de Octubre en Boston, con esa luz especial que invita a la reflexión durante toda la cinta, una luz que envuelve la historia y nos la sirve a media tarde, con las hojas de los árboles ya en el suelo.

Grandes películas además, tienen el otoño como actor secundario de lujo. A continuación os presento alguna de ellas, geniales todas, que se sirvieron del ambiente otoñal como recurso para conectar con el espectador y hacerlo suyo.
  • PHILADELPHIA

Dirigida por el genial Jonathan Demme, (El silencio de los Corderos), y con una banda sonora acompañando a Tom Hanks durante toda la película, Philadelphia cuenta la historia de un hombre que es injustamente despedido víctima de la discriminación homofóbica. La película fue estrenada en el año 1993 con gran éxito y a Tom Hanks le valió su primer Oscar y su segunda nominación de su carrera. El otoño, presente también en la cinta, nos enseña una ciudad que poco a poco oscurece, como el personaje de Hanks.

  • OTOÑO EN NUEVA YORK

La ciudad de los rascacielos pintada con colores otoñales. Dirigida por Joan Chen y protagonizada por Richard Gere y Winona Ryder muestra un Nueva York enamorado, lleno de parques y hojas cayendo, en el que Gere se enamorará de la pobre Winona y de su juventud. Juntos vivirán un romance breve pero muy intenso, el pleno otoño. Desde entonces me encanta esa ciudad, lo reconozco.


Esta película no podía faltar. Estrenada en 1952 nos muestra a un Gene Kelly enamoradísimo cantando y bailando en plena calle sin importar resfriados ni neumonías, como tiene que ser. Una película que te alegra y te transmite positividad, a pesar de que el tiempo ya no invita y de que las calles ya están vacías.





Me gusta el otoño. Y a nuestro blog, además, le da suerte. Iniciamos en Noviembre dos nuevas secciones y se incorporan como críticos de lujo dos blogeros que darán mucha guerra. Ismael Cruceta y Piru nos escribirán a través de "La fila 11" y "desde un pequeño rincón de Madrid" sus impresiones sobre el séptimo arte. Dos incorporaciones que agradezco profundamente y os presento emocionado. No os perdais sus blogs, son dos grandes artístas.

Blog Piru: http://warblackwest.blogspot.com/
Blog Ismael Cruceta: http://cajondehistorias.blogspot.com/

No puedo estar más feliz. Ya no me importa que llueva, Noe y yo esperaremos a que escampe tomando café con dos grandes compañeros. ¡¡¡ SUERTE CHICOS !!!

 
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